Ojo señores, que ahora en las veredas del municipio, la gente se queja de que andan malandros sueltos, han cogido las mismas mañas de la ciudad y se han dedicado a atracar, como si anduvieran por la misma calle 4 a las cuatro de la mañana.

¿Quíen vigila?

¿Quién vigila las zonas rurales del municipio? Yo creo que nadie, por lo menos de manera permanente. Aquí las autoridades deben implementar estrategias distintas a las de la ciudad, pues las vías, las distancias y la orografía no permiten patrullajes ni una presencia real de la Policía.

Comunidades

Aquí el tema de la seguridad en el campo debe pasar por un trabajo conjunto con las comunidades que lo habitan, pues son quienes están permanentemente en el espacio físico, conocen la realidad y las condiciones que definen estos territorios. Además es a quien más importa que exista paz, buena convivencia y seguridad.
Por ejemplo, en territorios indígenas, la guardia indígena realiza labores de vigilancia y control.

En algunos de estos lugares, los hurtos a mano armada no tienen mayor incidencia. En Jambaló, por ejemplo, la gente puede dormir en sus casas con las puertas abiertas.

Respeto

Alguno dirá que claro, los ladrones tienen miedo porque sabe lo que les espera, pues estas comunidades no suelen ser muy tolerantes con estos delitos. Es decir el delincuente reconoce una autoridad y la respeta.

Vacío

Ante el desplazamiento de los subversivos desmovilizados, estos espacios de influencia, alrededor de Popayán, están en busca de dueño, de autoridad. Ahora hay un vacío de poder y le corresponde al Estado, las fuerzas de seguridad y a la comunidad, llenarlo. Para estas estrategias se deben garantizar recursos, porque de ellas depende nada menos que todos los esfuerzos para fortalecer las dinámicas sociales y económicas del campo puedan lograr su cometido.