Los diálogos regionales originan esperanza, pero a la vez, generan dudas.
Desde nuestras páginas en todo el país, siempre hemos apoyado con el mayor entusiasmo, todos los emprendimientos que tengan como objetivo el lograr la paz en Colombia.
De allí que observamos con mucho interés las actuales acciones del Gobierno Nacional en busca de ese anhelado objetivo, mediante el cual se busca ponerles punto final a varias décadas de conflicto armado.
En este orden de ideas, tenemos que, a partir de hoy en el municipio de Samaniego, se abre el proceso relacionado con los diálogos regionales de paz, con el cual se busca darle un importante espacio a la participación de todos los actores, que, de una u otra manera, tengan relación con la pacificación total de Colombia.
Nos parece una iniciativa interesante, pero a la vez nos empiezan a asaltar una serie de dudas, ante algunas versiones que han empezado a circular de manera profusa en el sentido que a pesar de lo manifestado por el presidente Gustavo Petro, no habrá un apoyo tan contundente a estos encuentros programados para llevarse a cabo en varias zonas de la geografía nacional.
Igualmente, nos preocupa la real incidencia que puedan tener estos diálogos en los territorios y sobre el particular es obligatorio preguntarse si lo que se hable a partir de hoy en Samaniego y en cualquier otra zona del país, con referencia a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional Eln, tendrá una repercusión importante en la mesa de conversaciones que el Gobierno sostiene con esta organización alzada en armas en La Habana y si ocurrirá igual, con los otros grupos al margen de la Ley.
Por ello, consideramos que este proyecto nacional que se abre hoy en el departamento de Nariño y se extenderá a todo el país, debe tener un manejo responsable, en el que se garantice su efectividad para lograr el objetivo final de la paz.
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Consideramos que se trata de una recomendación válida, ya que existe el temor de que todo lo que se hable en las diferentes regiones del país, pueda en un momento dado diluirse, con lo que no se lograría el resultado positivo que se busca.
De tal manera, que, desde hoy, estaremos muy atentos, en el inicio de un proceso que es transcendental para cambiar la historia de Colombia.
Han sido muchos años de lucha fratricida en la que se han perdido miles de vidas y han estancado el progreso del país, por lo que esperamos que estos diálogos regionales de paz, cumplan con el objetivo para los que fueron creados.
La paz, significa acabar con la violencia y sus nefastas secuelas, como lo son las muertes, de civiles y combatientes, los desplazamientos forzados y la vulneración de los Derechos Humanos y de allí que se nos abra una nueva puerta de esperanza con la oportunidad para que los actores políticos, sociales, económicos y armados puedan sentarse a la mesa, como ocurrirá a partir de hoy.



