La respuesta de las autoridades israelíes a estos atroces crímenes no se hizo esperar y respondieron al ataque bombardeando la Franja de Gaza, después de que el primer ministro, Benjamin Netanyahu, declarara oficialmente que Israel se hallaba en guerra.
A esto se fueron sumando otras medidas, como el establecimiento de un bloqueo total sobre Gaza o la orden de evacuar el norte de la Franja.
El 9 de octubre, Israel impuso un asedio completo sobre Gaza impidiendo el suministro de electricidad, combustible y alimentos, exacerbando una crisis humanitaria ya acuciante para más de 2,2 millones de personas atrapadas en su territorio.
Desde entonces, debido a los implacables ataques de Israel en la Franja de Gaza, incluidos a hospitales, campamentos de personas refugiadas, mercados y muchas otras instalaciones civiles, han muerto más de 27.300 personas palestinas, entre ellas más de 7.000 niñas y niños, y otras 66.000 habrían resultado heridas. Para huir de estos ataques, al menos el 85% de la población se ha desplazado internamente.
La privación deliberada de alimentos, agua, atención médica y ayuda humanitaria por parte de Israel ponen en peligro la supervivencia de todas las personas que se encuentran atrapadas en Gaza. Amnistía Internacional considera que hay pruebas irrefutables de que estas prácticas suponen crímenes de guerra.





