Menor fue herida con dos disparos

Menor fue herida con dos disparos

Lo que debía ser una tranquila jornada de actividades culturales terminó envuelto en gritos, sangre y confusión. En una academia donde niños se reúnen a pintar, leer, bailar y aprender, el sonido seco de dos disparos interrumpió la inocencia. Una niña cayó al suelo tras recibir dos impactos en una de sus piernas. El autor del disparo fue otro menor, uno de sus compañeros, que manipulaba un arma traumática como si se tratara de un juguete. Así lo dio a conocer Dayana Guzmán, madre de la infante afectada.

El aula se convirtió en escena de pánico. Los niños corrieron, algunos lloraban sin comprender lo ocurrido. El personal del centro actuó con rapidez y trasladó a la menor a la clínica Medilaser, donde fue ingresada de urgencia. Allí, cirujanos trabajaron por horas para detener el sangrado y salvar su pierna. La intervención fue exitosa, pero el trauma físico y emocional tardará mucho más en sanar.

El arma

El arma usada fue clasificada como traumática. No dispara balas de plomo, sino proyectiles de goma o gas, diseñados para defensa personal. Sin embargo, estas armas, cuando son disparadas a corta distancia, especialmente contra cuerpos pequeños y vulnerables, pueden causar daños irreversibles. Y así fue.

La pregunta inmediata que surgió en la comunidad fue sencilla, pero estremecedora: ¿cómo llegó un arma, por muy traumática que sea, a manos de un niño? ¿Y cómo logró entrar con ella a un espacio educativo sin que nadie lo advirtiera?

Padres ausentes

La respuesta que ronda entre murmullos y acusaciones apunta a un problema que no es nuevo, pero que esta vez tuvo consecuencias visibles: la falta de control parental. Cada vez es más común que menores porten objetos peligrosos sin supervisión. Algunos padres parecen haber delegado la crianza en las redes sociales, en el silencio, en la indiferencia.

Este hecho, doloroso y evitable, reabre un debate necesario. La permisividad con la que algunos adultos posibilitan que sus hijos manipulen armas traumáticas, bajo la excusa de defensa o entretenimiento, es una línea borrosa que tarde o temprano cobra factura.

Verdad incómoda

Pero más allá de eso, queda una verdad incómoda: ningún espacio está exento de peligro si no se actúa con conciencia. Una niña cayó herida en un lugar donde solo debía florecer su creatividad. Y con ella, cayeron también las ilusiones de seguridad que muchos daban por sentadas. Porque cuando los niños portan armas, aunque sean traumáticas, ya no estamos hablando de juegos. Estamos hablando de una infancia en la mira.