En miles de historias de pacientes, los biopolímeros aparecen como una decisión estética que termina en complicaciones físicas y emocionales. Pero para el cirujano plástico Juan Carlos Torres del Río, el punto central no es la apariencia, sino la reacción del organismo. “El cuerpo puede interpretar estas sustancias como un invasor. Y cuando eso ocurre, se activa una respuesta inflamatoria que, en ciertos casos, se vuelve crónica y compromete el equilibrio inmunológico”, señala el especialista.
Torres del Río es médico cirujano y especialista en Cirugía Plástica, formado en la Pontificia Universidad Católica PUCRS de Brasil, con entrenamiento adicional en Europa a través de postgrados y fellowships en Cirugía Estética, Reparadora y Microcirugía en la Universidad de París (Francia). Realizó su pregrado en la Universidad del Norte (Barranquilla, Colombia). Es miembro activo de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica y de la Sociedad Brasilera de Cirugía Plástica, y ha sido autor de publicaciones especializadas que respaldan su experiencia técnico-científica.
Según el cirujano, el error más común es pensar que el problema se limita a “un relleno mal aplicado”. En realidad, los biopolímeros pueden generar fibrosis, endurecimiento de tejidos, inflamación repetitiva, cambios en la piel y dolor. “Hay pacientes que llegan con molestias persistentes, sensación de presión o ardor, y episodios de inflamación que van y vienen. Esa intermitencia confunde, pero es una señal de que el proceso sigue activo”, explica.
El componente inmunológico, agrega, es clave para entender por qué algunos casos se agravan. “No todas las personas reaccionan igual. El organismo puede intentar encapsular el material, pero si hay migración o infiltración profunda, la respuesta inflamatoria se intensifica y aparecen complicaciones que requieren un manejo médico serio, no soluciones rápidas”, advierte.
Para Torres del Río, la consulta especializada debe enfocarse en evaluar el grado de compromiso tisular, identificar signos de reacción inflamatoria y establecer un plan individualizado. “El objetivo no es solo mejorar una forma, sino reducir la carga inflamatoria, prevenir deterioro de tejidos y proteger la salud a largo plazo. Cuando se requiere cirugía, se planifica con criterio reconstructivo y de seguridad”, puntualiza.
Finalmente, el especialista insiste en la prevención y en la información responsable. “Los biopolímeros no son un tema superficial. Pueden desencadenar una condición inflamatoria e inmunológica real. Por eso, ante cualquier síntoma, lo correcto es consultar a un cirujano plástico certificado y evitar prácticas sin respaldo médico”, concluye.
Con amplia trayectoria clínica y reconocimiento nacional, Juan Carlos Torres del Río reitera que el primer paso para enfrentar este problema es comprenderlo: no es solo estética, es salud.





