El transporte en Popayán: costoso, insuficiente y desconectado

Moverse por Popayán es, para muchos habitantes, una batalla diaria contra un sistema de transporte que no responde a las necesidades reales de la ciudad. El problema no es solo el precio —que para muchos es alto—, sino la precariedad del servicio. Rutas insuficientes, horarios inestables, buses viejos, paraderos inexistentes y una desconexión profunda entre los barrios y el centro hacen que la movilidad sea un desafío.

A pesar de que la ciudad crece, el transporte no evoluciona al mismo ritmo. En algunos sectores, simplemente no hay rutas. En otros, los buses son tan escasos que obligan a esperar más de media hora. Para quienes viven lejos del centro o en zonas populares, llegar al trabajo implica salir muchísimo antes, pagar más o caminar largos trayectos. La movilidad debería facilitar la vida de los ciudadanos, no complicarla.

Las quejas son constantes: vehículos deteriorados, conductores que no respetan paradas, falta de supervisión y tarifas que no reflejan el servicio recibido. Las familias de ingresos bajos sienten el golpe más fuerte. Cuando el transporte público no es eficiente, todo se vuelve más difícil: estudiar, trabajar, cuidar a la familia, hacer diligencias. La ciudad se vuelve más pequeña para quienes más la necesitan.

La situación se agrava porque no existe una verdadera política pública que reorganice el sistema. Popayán necesita rutas actualizadas según el crecimiento urbano, control técnico riguroso para los buses, horarios coordinados y tarifas acordes al servicio. No se trata solo de modernizar vehículos; se trata de dignificar la experiencia de los usuarios.

Mientras otras ciudades avanzan hacia sistemas integrados, Popayán se queda atrapada en un modelo desactualizado. La falta de cobertura alimenta la informalidad, y la informalidad genera aún más problemas de seguridad y movilidad. El círculo es evidente y, si no se interviene, seguirá creciendo.

El transporte no es un lujo, es un derecho social que impacta la calidad de vida. Los ciudadanos merecen un servicio confiable que no los haga pagar de más por tan poco. La movilidad debería ser sinónimo de progreso, pero en Popayán se ha convertido en un desafío cotidiano que desgasta, agota y limita.

La ciudad merece más. Y sus habitantes también.