Memoria breve

Por: Laura Cabanzo

La violencia en el Cauca tiene un problema adicional: dura poco en la memoria pública. Cada hecho grave provoca una reacción inmediata, intensa y emocional, pero efímera. Las redes se llenan de mensajes, los medios replican cifras y luego el país sigue adelante.

Para las familias afectadas, ese tiempo funciona de otra manera. El dolor no desaparece cuando el tema deja de ser tendencia. La ausencia se vuelve permanente, la herida se instala en la rutina y la vida se reorganiza alrededor de la pérdida.

Esta brevedad informativa no es inocente. Responde a una lógica de consumo rápido del dolor ajeno. Las tragedias se convierten en contenido, no en procesos que exijan reflexión sostenida. Así, la violencia se repite sin que se construya una memoria colectiva sólida.

La falta de memoria favorece la repetición. Cuando no se recuerdan las causas ni las consecuencias, los hechos se perciben como aislados. Se pierde la conexión entre eventos y se diluye la responsabilidad estructural.

Recordar no significa anclarse en el pasado, sino reconocerlo para no repetirlo. La memoria es una herramienta de dignificación, no de victimización. Pero requiere voluntad política, social y mediática.

En el Cauca, muchas comunidades hacen memoria sin apoyo institucional. Con actos simbólicos, relatos orales y espacios comunitarios, intentan preservar la historia que el país olvida rápido.

Mientras la violencia siga siendo pasajera en la conversación pública, el duelo seguirá siendo solitario para quienes lo viven. Y esa soledad también es una forma de abandono.