La violencia contra integrantes de la Policía vuelve a generar preocupación en Nariño. En menos de dos meses, dos hechos han puesto en alerta a las autoridades y a las familias de los uniformados: el secuestro de un patrullero y el asesinato de una patrullera.
Los casos han causado consternación entre los miembros de la institución y en las comunidades afectadas, mientras familiares de las víctimas piden avances en las investigaciones y respuestas sobre lo ocurrido.
El secuestro del patrullero mantiene la atención de las autoridades, que adelantan labores para establecer su paradero y esclarecer las circunstancias en las que se produjo el hecho.
A esta situación se suma el asesinato de una patrullera, un caso que nuevamente pone sobre la mesa los riesgos que enfrentan los integrantes de la Fuerza Pública en diferentes zonas del departamento.
Las autoridades han anunciado acciones para esclarecer los hechos y determinar responsabilidades. Entretanto, las familias de los uniformados afectados esperan resultados y garantías de seguridad para quienes cumplen labores de servicio en medio de la situación de orden público que atraviesa la región.
Los hechos han reavivado el debate sobre las condiciones de seguridad de los policías en Nariño y la necesidad de fortalecer las acciones de prevención, investigación y protección en las zonas donde se presentan mayores riesgos.





