Un equipo internacional de astrónomos consiguió localizar el origen de unas señales de radio atípicas que se repiten periódicamente desde nuestra galaxia, un tipo de fenómeno que durante los últimos años ha desconcertado a los investigadores.
La fuente, denominada GLEAM-X J0704−37, emite pulsos de radio aproximadamente cada 2,9 horas, con cada episodio de emisión extendiéndose durante alrededor de un minuto. La señal fue identificada inicialmente en datos de archivo del Murchison Widefield Array (MWA), un conjunto de radiotelescopios instalado en Australia Occidental.
El descubrimiento es especialmente importante porque la fuente se encuentra en una región poco poblada del cielo, alejada del plano principal de la Vía Láctea. Esa característica permitió a los investigadores separar la señal de las numerosas estrellas que normalmente dificultan la identificación de este tipo de fenómenos.
Sin embargo, hay una precisión importante sobre la descripción inicial de este hallazgo: la señal no procede de un cúmulo estelar. El objeto está asociado a un sistema binario formado por una enana roja y una enana blanca, ubicado en una zona relativamente despejada de la galaxia. La investigación posterior permitió establecer esta naturaleza con mucha mayor precisión.
Un tipo de señal que desafía las explicaciones convencionales
Las señales pertenecen a una categoría relativamente nueva conocida como transitorios de radio de período largo, o LPT por sus siglas en inglés (Long-Period Radio Transients).
Estos objetos producen pulsos de radio que pueden repetirse en intervalos que van desde minutos hasta varias horas. Su comportamiento resulta inusual porque los pulsos son mucho más lentos que los de los púlsares de radio tradicionales, cuyos períodos suelen medirse en segundos o milisegundos.
En el caso de GLEAM-X J0704−37, el período de aproximadamente 2,9 horas fue, en el momento de su publicación, el más largo registrado dentro de esta clase de transitorios. Las observaciones también mostraron una elevada polarización lineal y una estructura interna compleja en los pulsos, características que apuntaban hacia un proceso relacionado con campos magnéticos intensos y ordenados.
El fenómeno llamó particularmente la atención porque las teorías convencionales sobre los púlsares no explicaban fácilmente una fuente que emitiera pulsos tan lentos.
El hallazgo surgió de datos antiguos
Uno de los aspectos más interesantes de la investigación es que los astrónomos no tuvieron que esperar a que ocurriera una nueva explosión de radio frente a sus instrumentos.
La señal fue encontrada al revisar datos archivados del Murchison Widefield Array, acumulados durante años. Al analizar observaciones anteriores, los investigadores descubrieron que GLEAM-X J0704−37 había estado activo durante al menos una década desde que el MWA comenzó a observar esa región del cielo.
Esto demuestra el valor científico de los grandes archivos astronómicos. Muchos fenómenos transitorios pueden pasar desapercibidos cuando se realizan observaciones individuales, pero pueden ser identificados posteriormente mediante algoritmos que comparan grandes cantidades de datos.
El archivo del MWA contiene decenas de petabytes de información y proporciona un registro de aproximadamente una década de observaciones del cielo. Los investigadores consideran que estos archivos podrían contener otros fenómenos que todavía no han sido identificados.
Una ubicación privilegiada para resolver el misterio
La localización de GLEAM-X J0704−37 fue fundamental.
Otros transitorios de radio de período largo habían sido encontrados principalmente hacia regiones más congestionadas de la Vía Láctea. Cuando los astrónomos observan esas zonas, miles de estrellas pueden aparecer en una región relativamente pequeña del cielo, lo que hace difícil determinar cuál de ellas está produciendo la señal.
GLEAM-X J0704−37, en cambio, fue localizado en dirección de la constelación de Puppis, en una región situada lejos del plano galáctico y con muchas menos estrellas en la línea de visión. El equipo estimó inicialmente una distancia cercana a los 5.000 años luz, aunque investigaciones posteriores revisaron sustancialmente esa estimación.
Esta relativa ausencia de estrellas permitió que los investigadores utilizaran otros telescopios para localizar con mayor precisión la fuente.
MeerKAT permitió localizar la fuente
Después del descubrimiento inicial con el MWA, los investigadores utilizaron el radiotelescopio MeerKAT, ubicado en Sudáfrica, para mejorar considerablemente la posición de la señal.
Con esa información pudieron asociar la emisión de radio con una contraparte óptica extremadamente débil. Posteriormente, observaciones realizadas con el telescopio SOAR, en Chile, permitieron determinar que la estrella visible en esa posición era una enana de tipo M, una clase de estrellas pequeñas y relativamente frías.
El resultado planteó una nueva pregunta: ¿podía una estrella de baja masa producir por sí sola una emisión de radio tan intensa?
La respuesta parecía ser negativa. Los investigadores propusieron que la estrella formaba parte de un sistema binario con otro objeto compacto.
La pista estaba en una estrella muerta
Las investigaciones posteriores aportaron la pieza que faltaba.
En 2025, el astrónomo Antonio C. Rodríguez utilizó espectroscopía del telescopio Keck I, de 10 metros, para estudiar el movimiento de la estrella. Las observaciones detectaron desplazamientos de velocidad radial de aproximadamente 189 kilómetros por segundo, con un período cercano al de los pulsos de radio.
Los datos fueron compatibles con un sistema binario compuesto por una enana blanca y una enana roja. La enana blanca tendría una masa estimada de aproximadamente 0,8 a 1,0 veces la masa del Sol, mientras que la enana roja tendría una masa mucho menor, cercana a 0,14 masas solares según el modelo espectroscópico presentado en ese estudio.
Además, la investigación revisó la distancia del sistema y la situó aproximadamente a 400 años luz, mucho más cerca de lo estimado originalmente.
El descubrimiento transformó la interpretación del fenómeno: ya no se trataba simplemente de una misteriosa fuente de radio aislada, sino de un sistema binario compacto que podía estudiarse mediante observaciones ópticas y de radio.
¿Qué es una enana blanca?
Una enana blanca es el remanente extremadamente compacto que queda después de que una estrella similar al Sol agota su combustible nuclear y pierde sus capas exteriores.
Aunque una enana blanca puede tener una masa comparable a la del Sol, su tamaño es aproximadamente comparable al de la Tierra. Esto significa que concentra una enorme cantidad de materia en un volumen relativamente pequeño.
En algunos sistemas binarios, la interacción entre la enana blanca y su compañera puede producir fenómenos electromagnéticos extraordinarios. En determinados casos, los campos magnéticos del remanente pueden desempeñar un papel fundamental en la generación de partículas energéticas y emisiones de radio.
Ese escenario es precisamente uno de los que se están investigando para explicar los transitorios de radio de período largo.
Una conexión con los llamados “púlsares de enanas blancas”
La investigación publicada en Nature Astronomy en enero de 2026 proporcionó un contexto todavía más amplio.
Los investigadores estudiaron otros transitorios de radio de período largo y propusieron que algunos de estos fenómenos podrían estar relacionados con sistemas binarios que contienen enanas blancas magnéticas.
En particular, el estudio analizó GPM J1839−10, otro transitorio de período largo, y encontró evidencias de una órbita de aproximadamente 8,75 horas. Los autores propusieron un modelo geométrico en el que la interacción entre el campo magnético de una enana blanca y el viento de su estrella compañera puede generar las emisiones de radio observadas.
Esta propuesta es importante porque conecta los transitorios de radio de período largo con objetos que ya eran conocidos como púlsares de enanas blancas, sistemas en los que una enana blanca magnética interactúa con una estrella compañera.
No significa que todos los transitorios de radio de período largo tengan necesariamente el mismo origen. Los investigadores siguen considerando diferentes escenarios para explicar la población completa.
El mecanismo exacto todavía se investiga
Aunque la identificación de GLEAM-X J0704−37 como un sistema de enana blanca + enana roja representa un avance considerable, todavía existe una pregunta fundamental: ¿cómo se generan exactamente los intensos pulsos de radio?
Una posibilidad es que el campo magnético de la enana blanca interactúe con el viento de la estrella compañera. Esa interacción podría acelerar partículas cargadas y producir radiación coherente.
Trabajos teóricos recientes han explorado incluso mecanismos conocidos como inestabilidad máser de ciclotrón electrónico, capaces de producir emisiones de radio coherentes en entornos magnéticos intensos. Simulaciones publicadas en 2025 encontraron que este mecanismo puede ser viable para sistemas formados por una enana blanca y una enana roja, aunque todavía quedan aspectos por explicar.
Por ello, los astrónomos continúan realizando observaciones en distintas longitudes de onda.
¿Tiene relación con señales extraterrestres?
El carácter periódico y aparentemente extraño de estas señales podría alimentar especulaciones sobre un origen artificial, pero las observaciones no proporcionan evidencia de una civilización extraterrestre.
De hecho, las investigaciones disponibles apuntan hacia explicaciones astrofísicas relacionadas con estrellas compactas, campos magnéticos y sistemas binarios. La localización de la fuente en una estrella concreta y la posterior identificación de una compañera enana blanca proporcionan una explicación natural mucho más directamente relacionada con los datos observados.
Por tanto, hablar de «señales misteriosas» resulta apropiado para describir el estado inicial de la investigación, pero no debe confundirse con una señal de origen artificial.
Un fenómeno que podría ser más común de lo que se pensaba
El caso de GLEAM-X J0704−37 también ha cambiado la forma en que los astrónomos buscan estos objetos.
En 2024, el equipo responsable señaló que el archivo del MWA podría contener otros transitorios que todavía no habían sido reconocidos. Desde entonces, se han identificado más sistemas pertenecientes a esta nueva población de fuentes de radio de período largo.
Un trabajo publicado en 2026 sobre sistemas de enana blanca y enana roja asociados con estos transitorios estimó que podrían existir muchos más sistemas de este tipo en el entorno galáctico, aunque las cifras dependen de cuán completa sea la población actualmente conocida y de la sensibilidad de los futuros estudios.
Los nuevos observatorios y grandes campañas de radioastronomía serán fundamentales para determinar cuántos existen realmente.
Una nueva ventana para estudiar estrellas extremas
El interés de estos objetos no se limita a descubrir una nueva clase de señales.
Los sistemas binarios que contienen enanas blancas pueden convertirse en laboratorios para estudiar campos magnéticos, evolución estelar, transferencia de materia, dinámica orbital y mecanismos de emisión de partículas.
Además, la posibilidad de observar simultáneamente la señal de radio y la contraparte óptica permite estudiar el fenómeno desde diferentes perspectivas. En el caso de GLEAM-X J0704−37, la combinación de observaciones del MWA, MeerKAT, SOAR, Gaia y Keck permitió pasar de una señal aparentemente inexplicable a un sistema estelar que puede caracterizarse físicamente.
La investigación continúa
El descubrimiento de GLEAM-X J0704−37 representa uno de los ejemplos más claros de cómo una señal de radio inicialmente desconcertante puede convertirse en una herramienta para estudiar sistemas estelares extremos.
La evidencia disponible actualmente respalda que el objeto está relacionado con un sistema binario formado por una enana blanca y una enana roja, y que su período de radio de aproximadamente 2,9 horas está estrechamente relacionado con la dinámica orbital del sistema.
Aun así, los astrónomos siguen investigando el mecanismo físico responsable de generar los pulsos y si todos los transitorios de radio de período largo comparten el mismo origen.
Lo que comenzó como una señal extraña escondida en un enorme archivo de datos terminó revelando una clase de sistemas estelares que podría ser mucho más amplia de lo que se creía. Y a medida que nuevos radiotelescopios examinen el cielo con mayor sensibilidad, es posible que aparezcan más objetos capaces de ayudar a explicar por qué algunas estrellas muertas pueden producir pulsos de radio tan extraordinarios.




