La selva escondía un antiguo paisaje: LiDAR revela cientos de estructuras prehispánicas

Una investigación arqueológica desarrollada en el Chocó Andino, al noroccidente de Quito, Ecuador, permitió identificar un extenso paisaje de origen prehispánico que permanecía oculto bajo la densa vegetación. El hallazgo fue posible gracias al empleo de tecnología LiDAR, una herramienta de teledetección capaz de generar modelos detallados del terreno incluso en zonas cubiertas por bosques.

El estudio se concentró en la comuna de San Francisco de Pachijal, en la parroquia de Pacto, donde investigadores del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP) realizaron trabajos de delimitación y análisis arqueológico.

Los resultados ampliaron considerablemente el registro que se tenía de la zona: de un inventario inicial de 40 montículos y 10 terrazas se pasó a identificar más de 200 montículos y 100 terrazas, distribuidos en aproximadamente 600 hectáreas.

La investigación también permitió reconocer modificaciones del terreno, estructuras circulares y rectangulares y una serie de caminos o calzadas interconectadas, elementos que apuntan a una ocupación humana organizada del paisaje.

Una tecnología que permite mirar debajo del bosque

Uno de los principales obstáculos para estudiar arqueológicamente el Chocó Andino es su propia geografía. La región combina montañas, pendientes pronunciadas y una vegetación particularmente densa, condiciones que dificultan localizar estructuras antiguas mediante recorridos convencionales.

Aquí entra en escena el LiDAR, sigla de Light Detection and Ranging. El sistema utiliza pulsos de luz láser para medir distancias y construir representaciones tridimensionales de la superficie terrestre.

Cuando se utiliza desde una aeronave, una parte de los pulsos puede atravesar los espacios existentes entre las hojas y ramas hasta alcanzar el suelo. Con miles o millones de mediciones, los investigadores pueden construir modelos digitales del terreno y detectar formas artificiales que podrían pasar inadvertidas desde el nivel del suelo.

La utilidad de esta tecnología para la arqueología ya ha sido demostrada en diferentes regiones de América Latina. Por ejemplo, investigaciones en la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, han utilizado LiDAR para estudiar asentamientos y modificaciones del paisaje prehispánico bajo una cobertura vegetal densa.

Estudio científico sobre LiDAR y asentamientos prehispánicos en la Sierra Nevada de Santa Marta

De 40 montículos a más de 200

La magnitud del descubrimiento en San Francisco de Pachijal resulta especialmente relevante cuando se compara con el conocimiento previo del lugar.

Antes de la prospección realizada mediante las nuevas herramientas, el registro arqueológico contemplaba 40 montículos y 10 terrazas. El análisis posterior permitió reconocer más de 200 montículos y 100 terrazas, además de otras evidencias de modificación del terreno.

Las estructuras están distribuidas en unas 600 hectáreas, mientras que el Chocó Andino comprende más de 280.000 hectáreas. El área analizada representa, por tanto, alrededor del 2 % de la extensión señalada por el IMP.

Esto no significa que el resto del territorio contenga necesariamente estructuras arqueológicas en la misma proporción. Sin embargo, el resultado muestra que todavía existe una superficie considerable que puede ser objeto de nuevas investigaciones.

Los propios especialistas mantienen la investigación abierta, ya que la identificación mediante sensores remotos constituye una herramienta para localizar y caracterizar posibles evidencias, pero no sustituye por completo el trabajo arqueológico de campo.

Montículos, terrazas y antiguos caminos

Entre las evidencias identificadas aparecen estructuras circulares y rectangulares, terrazas y modificaciones artificiales de las pendientes.

También se reconocieron calzadas relacionadas e interconectadas, un elemento importante para comprender cómo pudieron organizarse los asentamientos y cómo se desplazaban sus habitantes por un territorio montañoso.

Los caminos antiguos son particularmente importantes en este contexto porque permiten estudiar el paisaje como un sistema y no únicamente como una colección de estructuras independientes.

La arqueología previa de San Francisco de Pachijal ya había registrado caminos prehispánicos, conocidos localmente como culuncos, además de montículos, terrazas y materiales como fragmentos de cerámica, hachas y metates.

Por ello, el nuevo levantamiento tecnológico se incorpora a una historia de investigación que lleva varios años desarrollándose en esta zona.

Una estructura hundida aporta nuevas pistas

El estudio no se limitó al análisis realizado mediante LiDAR. Durante el trabajo de campo también se excavó una estructura hundida situada a pocos metros del río San Francisco.

Según la información difundida por el Municipio de Quito, la construcción presenta una planta rectangular, muros de piedra, un posible acceso y un canal destinado a la evacuación de agua. Los investigadores señalaron que tiene similitudes con estructuras conocidas en el Complejo Arqueológico Tulipe, ubicado también en el noroccidente de Quito.

Los especialistas plantean que, por la asociación de diferentes elementos arqueológicos, existen indicios de una posible relación con la cultura Yumbo. Es importante señalar que esta filiación debe entenderse dentro del proceso de investigación arqueológica y análisis de evidencias, no como una atribución automática de cada estructura identificada mediante LiDAR.

Las investigaciones anteriores en la zona ya habían encontrado evidencias asociadas con ocupaciones Yumbo. En excavaciones realizadas antes de este proyecto se documentaron fogones, cerámica, objetos líticos y otros materiales arqueológicos.

¿Quiénes fueron los Yumbo?

La posible relación con los Yumbo permite poner el descubrimiento dentro de un contexto histórico más amplio.

Los Yumbo fueron una sociedad prehispánica vinculada con el noroccidente de lo que actualmente es Ecuador. Su presencia está documentada arqueológicamente en diferentes sectores del Chocó Andino y zonas cercanas.

Investigaciones anteriores realizadas en Pacto y San Francisco de Pachijal han documentado montículos artificiales, terrazas, estructuras hundidas y caminos, además de diferentes materiales arqueológicos.

Los registros arqueológicos muestran que estas comunidades no simplemente ocuparon el territorio, sino que realizaron modificaciones sobre las pendientes y construyeron infraestructura adaptada al entorno.

Por esa razón, el descubrimiento mediante LiDAR resulta importante: permite analizar la relación entre las estructuras y el paisaje montañoso en una escala mucho mayor que la que sería posible mediante excavaciones individuales.

El descubrimiento no significa que se haya encontrado una «ciudad perdida»

Aunque algunos titulares sobre hallazgos arqueológicos suelen utilizar expresiones como «ciudad perdida», los resultados disponibles no permiten afirmar que San Francisco de Pachijal corresponda a una única ciudad prehispánica.

Lo que se ha identificado es un paisaje arqueológico compuesto por numerosos elementos, entre ellos montículos, terrazas, caminos y estructuras de diferentes características.

La interpretación de cómo se relacionaban entre sí estas construcciones requiere nuevos estudios. El LiDAR permite identificar patrones espaciales, pero los arqueólogos necesitan combinar esa información con excavaciones, análisis de materiales, cronología y estudios ambientales para establecer cómo evolucionó el asentamiento.

Este enfoque es habitual en la arqueología contemporánea. En Bolivia, por ejemplo, una investigación publicada en Nature utilizó LiDAR para documentar grandes asentamientos de la cultura Casarabe y analizar redes de caminos, plataformas y sistemas de manejo del agua.

Investigación publicada en Nature sobre LiDAR y asentamientos prehispánicos en Bolivia

El caso ecuatoriano forma parte de una transformación de la arqueología

El uso de LiDAR está modificando la manera en que los arqueólogos estudian regiones cubiertas por bosques.

Tradicionalmente, una investigación en una zona de vegetación densa dependía en gran medida de recorridos a pie, fotografías aéreas, mapas y excavaciones selectivas. Estos métodos continúan siendo fundamentales, pero pueden tener dificultades para detectar estructuras cubiertas por vegetación o ubicadas en terrenos complicados.

El LiDAR añade una herramienta que permite observar la topografía desde otra perspectiva.

En la Sierra Nevada de Santa Marta, por ejemplo, un estudio publicado en Latin American Antiquity utilizó datos LiDAR para modelar posibles zonas de asentamiento y áreas cultivables en torno a Teyuna-Ciudad Perdida y otros sitios arqueológicos. Los investigadores encontraron evidencias de una transformación considerable del paisaje por sociedades prehispánicas.

En la Amazonía ecuatoriana, investigaciones del valle del Upano también emplearon LiDAR para identificar asentamientos, caminos y diferentes tipos de plataformas prehispánicas.

Investigación arqueológica sobre el valle del Upano y tecnología LiDAR

Una nueva forma de entender los paisajes de montaña

Uno de los aspectos más importantes del descubrimiento es que obliga a mirar de otra manera determinados paisajes naturales.

Desde la superficie, una zona cubierta por bosque puede parecer prácticamente intacta. Sin embargo, debajo de la vegetación pueden conservarse evidencias de caminos, plataformas, terrazas y otras construcciones.

La investigación en el Chocó Andino demuestra precisamente la utilidad de combinar tecnología y arqueología para reconstruir esa historia.

Los resultados también pueden ayudar a determinar dónde concentrar futuras investigaciones. En lugar de realizar excavaciones de manera indiscriminada sobre una enorme extensión de terreno, los investigadores pueden utilizar los modelos obtenidos mediante LiDAR para identificar áreas de interés y posteriormente comprobarlas en campo.

¿Qué sigue después del hallazgo?

La investigación todavía no ha terminado.

Según la información publicada por Quito Informa, la fase de campo concluyó y los investigadores se encontraban desarrollando una etapa de laboratorio destinada a analizar los materiales y evidencias recuperadas. Posteriormente se prevé la elaboración de un informe técnico y la socialización de los resultados con la comunidad local.

Reporte oficial de Quito Informa sobre la investigación en San Francisco de Pachijal

Esta etapa será fundamental para establecer con mayor precisión la cronología, características y relación entre las estructuras identificadas.

También será necesario continuar documentando el territorio para determinar hasta qué punto las evidencias encontradas forman parte de un sistema arqueológico más amplio.

Patrimonio arqueológico y participación de la comunidad

El descubrimiento tiene además una dimensión relacionada con la conservación.

El Chocó Andino es una región de gran importancia ambiental y cultural. La existencia de estructuras arqueológicas dentro de este territorio significa que la protección del patrimonio no depende únicamente de estudiar las construcciones, sino también de comprender el espacio en el que se encuentran.

El IMP ha señalado que uno de los objetivos de la investigación es proteger los sitios arqueológicos, comprender la formación de los paisajes culturales y poner en valor el patrimonio del Distrito Metropolitano de Quito.

La comunidad local también ha tenido participación en el proceso. De acuerdo con la información difundida por Quito Informa, habitantes de San Francisco de Pachijal conocían desde generaciones anteriores la existencia de vestigios arqueológicos en el territorio.

La combinación entre conocimiento local, investigación arqueológica y nuevas tecnologías puede ser especialmente importante para proteger lugares que permanecen en zonas de difícil acceso.

Un paisaje que todavía guarda preguntas

El hallazgo de más de 200 montículos y 100 terrazas en aproximadamente 600 hectáreas ofrece una nueva perspectiva sobre la presencia humana prehispánica en el Chocó Andino.

Sin embargo, el descubrimiento también abre más preguntas de las que responde. Todavía es necesario determinar con mayor precisión cuándo fueron construidas las estructuras, durante cuánto tiempo fueron utilizadas, qué funciones cumplían y cómo estaban conectadas entre sí.

La tecnología LiDAR ha permitido dar un paso importante: hacer visibles desde el aire formas del terreno que durante siglos permanecieron ocultas por la vegetación.

Ahora corresponde a la arqueología de campo, el análisis de materiales y futuras investigaciones determinar qué historia cuentan esas estructuras.

Por el momento, el caso de San Francisco de Pachijal se suma a una creciente cantidad de investigaciones en América Latina que muestran cómo las tecnologías de teledetección están permitiendo estudiar con mayor detalle la huella que dejaron las sociedades prehispánicas en bosques y regiones montañosas.