Los conflictos armados que actualmente afectan distintas regiones del mundo están produciendo consecuencias económicas mucho más allá de las fronteras de los países directamente involucrados. India llevó esta preocupación ante la Organización de las Naciones Unidas y advirtió que naciones alejadas geográficamente de las zonas de guerra también están pagando una parte importante de sus costos.
La advertencia fue realizada por el ministro de Asuntos Exteriores de India, S. Jaishankar, durante el debate general del 81.º período de sesiones de la Asamblea General de la ONU, celebrado en Nueva York el 26 de septiembre de 2026.
Jaishankar sostuvo que, en un mundo globalizado, los efectos de las guerras se extienden por las cadenas de suministro, los mercados energéticos, el transporte marítimo, los alimentos, las materias primas, las finanzas y el comercio internacional.
El funcionario afirmó que los países alejados de los conflictos están siendo afectados pese a no participar directamente en ellos y señaló que, en muchos casos, quienes reciben los mayores impactos tienen una capacidad limitada para influir en las decisiones que desencadenan esas crisis.
La preocupación de Nueva Delhi se produce en un escenario marcado por la guerra en Ucrania, las tensiones y enfrentamientos en Medio Oriente y el Golfo, además de las interrupciones de importantes rutas marítimas utilizadas para transportar petróleo, gas, fertilizantes, alimentos y productos manufacturados.
India advierte que las guerras ya no tienen consecuencias únicamente regionales
Uno de los principales argumentos planteados por India ante la ONU es que la economía internacional funciona como una red interconectada.
Un conflicto puede comenzar en una región específica, pero sus efectos pueden trasladarse rápidamente a países ubicados a miles de kilómetros.
El ejemplo más evidente está en la energía. Cuando una guerra afecta a un importante productor de petróleo o una ruta utilizada para transportar hidrocarburos, la reducción de la oferta o el aumento del riesgo puede elevar los precios internacionales.
Esto afecta tanto a países productores como a aquellos que necesitan importar combustibles.
El problema no termina allí. El petróleo es utilizado directa o indirectamente en prácticamente toda la economía: transporte, agricultura, industria, generación de energía, fabricación de plásticos, productos químicos y logística.
Por esa razón, un aumento del precio del petróleo puede terminar elevando los costos de fabricación y transporte de productos que aparentemente no tienen ninguna relación con el conflicto que provocó inicialmente el encarecimiento.
Las Naciones Unidas han advertido precisamente sobre este mecanismo. Según un análisis de Naciones Unidas sobre el conflicto de Medio Oriente, las interrupciones energéticas y de las rutas comerciales han elevado los costos de producción y generado problemas para sectores que dependen de combustibles y materias primas importadas.
El transporte marítimo se convierte en uno de los principales canales de contagio económico
Durante su intervención, Jaishankar también puso especial atención en la seguridad de los buques comerciales y de los trabajadores marítimos.
India manifestó preocupación por los ataques contra embarcaciones que transitan por rutas internacionales y pidió que se garantice el flujo ininterrumpido de energía y comercio.
El asunto es especialmente importante porque una parte considerable del comercio mundial depende del transporte marítimo.
Cuando una ruta estratégica se vuelve insegura, las empresas pueden verse obligadas a utilizar recorridos más largos, contratar seguros más costosos o asumir mayores riesgos logísticos.
El resultado puede ser un incremento del precio final de las mercancías.
La ONU ya ha documentado este fenómeno. En agosto de 2026, el secretario general António Guterres señaló que las interrupciones en el estrecho de Ormuz y el mar Rojo estaban afectando el movimiento de energía, fertilizantes y productos esenciales. Naciones Unidas indicó además que los precios del petróleo se encontraban aproximadamente 33 % por encima del comienzo del conflicto y que las tarifas mundiales de transporte de contenedores eran 84 % superiores a las de un año antes.
Esto ayuda a explicar por qué un conflicto localizado puede terminar repercutiendo sobre consumidores y empresas en países que no participan militarmente en él.
Alimentos y fertilizantes también quedan expuestos
Otro de los riesgos destacados por India está relacionado con la seguridad alimentaria.
La agricultura moderna depende de una cadena internacional que incluye combustibles, fertilizantes, maquinaria, productos químicos, transporte y almacenamiento.
Por eso, cuando aumentan los precios del petróleo o se interrumpen las rutas comerciales, los costos agrícolas pueden aumentar.
Los fertilizantes son particularmente sensibles a las alteraciones del mercado energético y del transporte internacional. Un encarecimiento de estos insumos puede incrementar los costos de producción de los agricultores y, posteriormente, trasladarse al precio de los alimentos.
La representación de India ante Naciones Unidas ya había advertido en agosto que los conflictos contemporáneos generan efectos mucho más allá de las zonas donde ocurren los enfrentamientos, especialmente mediante las alteraciones de los mercados energéticos, los fertilizantes, el transporte marítimo y el comercio agrícola.
Esto afecta especialmente a los países en desarrollo que dependen de las importaciones para cubrir parte de sus necesidades energéticas o alimentarias.
El Sur Global enfrenta una exposición particular
La advertencia india también está relacionada con una preocupación más amplia: los países en desarrollo suelen disponer de menos margen financiero para absorber grandes aumentos de costos.
Una economía con mayores reservas fiscales puede destinar recursos a subsidiar determinados productos, apoyar empresas o proteger a los consumidores durante una crisis.
Los países con menos espacio presupuestario pueden tener mayores dificultades para hacerlo.
Naciones Unidas señaló en su actualización de mayo de 2026 que el crecimiento económico mundial había sido revisado a la baja debido, entre otros factores, al impacto de la crisis de Medio Oriente.
El organismo proyectó entonces un crecimiento mundial de 2,5 % para 2026 y advirtió que el aumento de los costos energéticos, el transporte y las alteraciones de las cadenas de suministro estaban generando riesgos para la economía internacional.
En el caso de Asia meridional, la ONU proyectó una desaceleración importante del crecimiento regional, aunque estimó que India conservaría un ritmo relativamente elevado gracias, entre otros factores, a su consumo interno, sus exportaciones de servicios y una estructura energética diversificada.
India pone el foco en la seguridad energética
La posición de Nueva Delhi tiene una importancia particular porque India es uno de los principales consumidores e importadores de energía del planeta.
El país necesita petróleo extranjero para abastecer buena parte de su economía, por lo que cualquier alteración importante de los mercados internacionales puede repercutir en sus costos de producción y transporte.
De hecho, India ha expresado recientemente preocupación ante posibles medidas estadounidenses relacionadas con las compras de petróleo ruso. Reuters informó en septiembre que Nueva Delhi había advertido sobre los posibles efectos de nuevos aranceles estadounidenses sobre países que importen petróleo ruso, debido a las consecuencias que podrían tener para su seguridad energética y sus relaciones comerciales.
Por eso, el discurso de Jaishankar no se limita a una preocupación diplomática. También refleja un problema económico concreto: los países necesitan mantener abiertas y diversificadas sus fuentes de energía, materias primas y comercio para reducir su vulnerabilidad ante conflictos externos.
¿Qué significa esto para la economía mundial?
Los efectos económicos de una guerra pueden dividirse en varios canales.
1. Aumento del precio de la energía
Una interrupción de la producción o transporte de petróleo y gas puede reducir la oferta disponible y aumentar los precios.
Esto encarece el transporte y la producción de bienes.
2. Aumento de los costos de transporte
Si los barcos deben modificar sus rutas para evitar zonas de conflicto, los viajes pueden ser más largos y costosos.
También pueden aumentar los seguros y otros gastos relacionados con la logística.
3. Problemas en las cadenas de suministro
Una empresa puede necesitar componentes producidos en varios países.
Si una de esas piezas deja de llegar, la empresa puede tener dificultades para mantener su producción, aunque se encuentre muy lejos de la guerra.
4. Mayor inflación
Cuando aumentan los costos de energía, transporte, materias primas y alimentos, parte de esos incrementos puede trasladarse a los consumidores.
5. Menor inversión
La incertidumbre internacional puede llevar a algunas empresas a aplazar inversiones o modificar sus planes de expansión.
6. Presión sobre las monedas
Los países que necesitan importar grandes cantidades de petróleo, alimentos o materias primas pueden requerir más divisas para pagar esas compras.
Esto puede generar presión sobre sus monedas y aumentar el costo de determinados productos importados.
¿Y qué tiene que ver esto con Colombia?
El planteamiento de India también permite analizar una cuestión importante para Colombia: la dependencia excesiva de productos provenientes del exterior puede aumentar la exposición de la economía nacional a problemas que ocurren fuera del país.
Esto no significa que importar sea malo por sí mismo.
Colombia necesita importar maquinaria, tecnología, medicamentos, materias primas, equipos y numerosos bienes que no produce suficientemente o que resulta más eficiente adquirir en otros mercados.
El comercio internacional es una parte normal y necesaria de una economía moderna.
El problema aparece cuando productos que pueden ser producidos competitivamente en Colombia son sustituidos de manera significativa por bienes extranjeros sin que exista una estrategia para fortalecer la capacidad productiva nacional.
Colombia aumentó sus importaciones en julio de 2026
Los datos más recientes disponibles del DANE muestran que las importaciones colombianas alcanzaron US$7.968,1 millones CIF en julio de 2026, con un crecimiento de 22,9 % frente a julio de 2025.
El aumento estuvo impulsado principalmente por las manufacturas, cuyas importaciones crecieron 16,1 %.
Las manufacturas representaron el 72,5 % del valor total importado durante ese mes, mientras que los productos agropecuarios, alimentos y bebidas representaron 13,9 %.
Al mismo tiempo, las exportaciones colombianas alcanzaron US$4.690,7 millones FOB en julio de 2026, con un crecimiento anual de 5,9 %.
La diferencia entre ambos valores se reflejó en un déficit comercial de US$2.797,8 millones FOB durante julio, frente a un déficit de US$1.694,2 millones en el mismo mes de 2025.
Estos datos no significan por sí solos que las importaciones sean perjudiciales. Una parte de ellas corresponde a bienes de capital, insumos y productos que pueden utilizar las empresas colombianas para producir más.
Sin embargo, sí muestran la magnitud del flujo de bienes que Colombia compra al exterior.
¿Por qué puede ser negativo reemplazar productos colombianos por importados?
Cuando un consumidor compra un producto fabricado en Colombia, una parte del dinero que paga puede circular dentro de la economía nacional.
Por ejemplo, una empresa colombiana que fabrica alimentos puede comprar materias primas a productores nacionales, contratar trabajadores, pagar servicios de transporte, utilizar empaques producidos en el país y contratar servicios contables, tecnológicos o logísticos.
El gasto genera así una cadena de actividad económica.
Cuando ese producto es reemplazado por uno importado, una parte importante del valor de la compra se dirige hacia la economía del país productor.
Eso no significa que todo el dinero de una importación salga de Colombia —los importadores, distribuidores, transportadores, comerciantes y trabajadores nacionales también participan en la cadena—, pero sí significa que la producción industrial o agrícola realizada en el exterior captura una parte del valor que podría generarse localmente.
Menos demanda puede significar menor producción nacional
Si una empresa colombiana enfrenta una competencia externa muy fuerte y pierde compradores, puede reducir su producción.
Dependiendo del sector, esto puede afectar sus decisiones de inversión, contratación y compra de materias primas.
El impacto puede extenderse a proveedores y trabajadores.
Por ejemplo, si disminuye la demanda de un producto fabricado en Colombia, una empresa puede necesitar menos materia prima, menos transporte, menos almacenamiento y menos servicios asociados.
Por eso, fomentar el consumo de productos nacionales puede ayudar a sostener determinadas cadenas productivas.
No obstante, para que esta estrategia funcione, los productos colombianos también deben ofrecer calidad, disponibilidad y precios competitivos. Promover artificialmente productos nacionales que sean mucho más costosos o de menor calidad también puede perjudicar a los consumidores.
Comprar colombiano también puede fortalecer las cadenas productivas
El objetivo no debería ser eliminar las importaciones.
Una economía moderna necesita comercio internacional.
La cuestión está en encontrar un equilibrio en el que Colombia pueda importar aquello que necesita mientras fortalece sectores capaces de producir bienes competitivos dentro del país.
Esto puede contribuir a:
- Mantener actividad económica en empresas nacionales.
- Fortalecer proveedores colombianos.
- Generar demanda para productores agrícolas e industriales.
- Preservar y crear empleos en determinados sectores.
- Incentivar nuevas inversiones productivas.
- Reducir la dependencia de ciertos proveedores extranjeros.
- Aumentar la capacidad de Colombia para responder a interrupciones internacionales.
Este último punto conecta directamente con la advertencia realizada por India ante la ONU.
La dependencia externa puede convertirse en una vulnerabilidad
La experiencia de los últimos años ha demostrado que las cadenas internacionales pueden sufrir interrupciones por guerras, pandemias, bloqueos marítimos, sanciones, desastres naturales o tensiones comerciales.
Si un país depende casi completamente del exterior para un producto estratégico y su principal proveedor enfrenta una crisis, el país comprador puede tener dificultades para conseguirlo.
En cambio, contar con una producción nacional suficiente puede funcionar como una especie de respaldo.
Esto es especialmente importante en sectores estratégicos como alimentos, energía, medicamentos, fertilizantes, infraestructura y determinados insumos industriales.
La ONU ha señalado que las crisis recientes han puesto en evidencia la limitada flexibilidad de algunas cadenas de suministro y que las interrupciones de energía y transporte pueden generar aumentos de costos y escasez de insumos industriales.
Importar no es el problema: la clave está en qué se importa
Es importante hacer una distinción.
No todas las importaciones son negativas y no todas las compras nacionales son automáticamente beneficiosas.
Una empresa colombiana puede importar una máquina que le permita aumentar su producción, contratar más trabajadores y exportar sus productos.
En ese caso, la importación puede fortalecer la economía nacional.
También puede ser conveniente importar una materia prima que Colombia no produce en cantidad suficiente y utilizarla posteriormente para fabricar un producto nacional.
El problema económico aparece cuando existe una dependencia excesiva de productos que podrían producirse competitivamente en el país, especialmente si esa dependencia deja expuesta a Colombia ante cambios internacionales de precios, interrupciones logísticas o conflictos.
Por eso, la discusión no debería reducirse a «importar es malo» frente a «comprar extranjero es bueno».
La cuestión fundamental es qué bienes importa Colombia, qué capacidad tiene para producirlos, cuánto valor agregado genera dentro del país y qué tan vulnerable queda la economía ante una interrupción del comercio internacional.
Una advertencia que trasciende a India
El mensaje de India ante Naciones Unidas forma parte de un debate más amplio sobre la vulnerabilidad de las economías frente a las crisis internacionales.
Jaishankar sostuvo que la guerra está afectando a países que no participan directamente en los conflictos y pidió mantener abiertas las rutas comerciales y energéticas.
También advirtió sobre lo que denominó la «instrumentalización» de diferentes elementos de la economía internacional, incluidos los mercados, las cadenas de suministro y el acceso a tecnología.
Para países como Colombia, la situación deja una lección económica concreta: la diversificación de proveedores internacionales debe ir acompañada de una mayor capacidad productiva nacional.
Tener empresas capaces de producir alimentos, bienes industriales, tecnología e insumos estratégicos no elimina los efectos de una crisis internacional, pero puede reducir la dependencia de las decisiones y condiciones de otros países.
Mientras tanto, los datos del DANE muestran que Colombia mantiene un importante volumen de compras externas y un déficit comercial significativo. Esto hace relevante el debate sobre cómo aumentar el valor agregado de la producción nacional, mejorar su competitividad y ampliar las exportaciones.
Un problema económico que ya no puede verse únicamente desde las fronteras
La principal advertencia presentada por India ante la ONU es que los conflictos modernos tienen un alcance económico mundial.
Una guerra puede comenzar a miles de kilómetros de Colombia y terminar afectando el precio del combustible, los costos de transporte, los fertilizantes, los alimentos, las materias primas o determinados productos importados.
Por ello, la seguridad económica de un país no depende únicamente de evitar participar en un conflicto.
También depende de qué tan diversificadas están sus cadenas de suministro, qué capacidad tiene para producir bienes esenciales y qué tan preparada está su economía para enfrentar interrupciones externas.
En este escenario, fortalecer la producción colombiana y fomentar el consumo de productos nacionales puede ser parte de una estrategia para reducir vulnerabilidades, siempre que vaya acompañado de productividad, innovación, calidad y precios competitivos.
La advertencia de India, en última instancia, pone sobre la mesa una realidad de la economía global: las consecuencias económicas de una guerra no se detienen en las fronteras de los países que combaten. Las cadenas de suministro, los mercados energéticos y el comercio internacional hacen que sus efectos puedan llegar hasta países que no tienen ninguna participación directa en el conflicto.





