En medio de un espacio académico en la ciudad de Popayán, se realizó un conversatorio muy interesante a propósito de la conmemoración del Día Nacional del Campesino y la Campesina, denominado “Los campesinos y campesinas como sujetos de derecho”, en el que se habló sobre el contexto histórico de la lucha por su reconocimiento. Uno de los ponentes sacó a relucir la ausencia del campesinado en la construcción de la Constitución Política de 1991, y la exclusión sistemática que de esta población, históricamente han hecho las élites colombianas. Entretanto una lideresa del Cauca, hizo énfasis en la falta de auto reconocimiento campesino dentro de la sociedad actual y los juicios sociales que soporta esta población. Es muy importante que se promuevan estos espacios de diálogo intercultural en la ciudad de Popayán, y que se hagan extensivos a toda la ciudadanía, que no se queden en los claustros universitarios y que se convoque la participación de otros sectores de la sociedad, más en un departamento como el Cauca, en donde el campesino ha sufrido en carne propia la violencia, la discriminación, la miseria y el abandono del Estado. Pero ¿qué entendemos como sujeto de derecho? Una de las explicaciones más simples es la que dice que “es aquél al que pueden imputársele derechos y obligaciones a través de la ley”. Todas las personas, físicas o jurídicas, son sujetos de derecho, todos los seres humanos son sujetos de derecho. Pues en el caso de los campesinos colombianos, ha resultado todo un desafío su reconocimiento. La Oficina Delegada para Asuntos Agrarios y Tierras de la Defensoría del Pueblo, en el marco del foro, “Caminos y discusiones para el reconocimiento de la población campesina como sujeto de derechos” explicó que los campesinos constituyen un grupo social específico en condición de vulnerabilidad por lo que la protección de sus derechos humanos requiere de medidas especiales para asegurar que el Estado colombiano los respete, proteja y garantice. Sin embargo y ahí viene el problema, las políticas públicas han tenido un sesgo en lo urbano y por ello, las inversiones públicas siempre han dejado a las poblaciones campesinas y rurales en un renglón de poca importancia. Es indudable que el campesino colombiano ha sido marginado históricamente. Solo en el aspecto educativo, hay una brecha evidente que se hizo más dramática en tiempo de pandemia. “No tenemos preescolar en el campo. Muchas veces tenemos una profesora para dictar 5 cursos. De esta manera ¿qué podemos esperar de los resultados de los jóvenes del campo en pruebas SABER? Ellos desean estudiar y prepararse”, expresaba un representante campesino con toda la razón del mundo. En este país hasta que el campesino y su labor no sean dignificados, en el que sinónimo de campo siga siendo el de pobreza, no podemos pensar en un proyecto de nación viable, ni en un futuro promisorio para las nuevas generaciones.


