La envidia

Don Chirimias

Don Chirimias

Tan antigua como la humanidad, o al menos tan vieja como la vida del ser humano en sociedad,  es la envidia.  Si le molesta que asciendan o le suban el sueldo a un compañera de trabajo, si sufre porque un colega recibe un premio, si no le gusta que los hijos de otros saquen buenas notas, o que su amiga se vista elegantemente o tenga una figura atractiva,  si le inquieta que su amigo tenga una pareja de muy buen ver, el  que haya ganado su partido político, el de él, gane las elecciones, si le ocurre todo o alguna de esas y otras parecidas cosas, es muy posible que usted sufra de envidia.
Pero la envidia no es desear lo que tienen los demás, cosa bastante natural, sobre todo cuando uno tiene poco. Lo que más y mejor caracteriza a la verdadera envidia es el deseo de que el otro, el envidiado, no tenga lo que tiene. La verdadera envidia se centra imaginativamente en el otro, en el envidiado, más que en uno mismo.

De arriba a abajo

El envidiado, por su parte, muchas veces ni se entera de que lo es, siendo el envidioso el que verdaderamente sufre. La envidia puede ser más dañina cuando es el superior quien envidia al inferior, una envidia que puede agravarse cuando el inferior es más joven, más inteligente, o más atractivo. Envidias de ese tipo se dan especialmente en el trabajo y en todas las relaciones sociales jerarquizadas.

En la familia

La proximidad puede ser también un factor altamente potenciador de la envidia. Se ha dicho, no sin falta de razón, que la envidia del amigo puede ser peor que el odio del enemigo. Cuando la envidia se da en la familia, puede resultar muy dolorosa. Por ejemplo, cuando los padres no tratan por igual a los hijos se puede generar envidia, rencor.

Ancestral

Pero lo más especial llega cuando el envidiado fracasa, pues es entonces cuando aparece la imagen especular de la envidia en todo su esplendor: la alegría y el regodeo del envidioso por el fracaso del envidiado. 
Estamos hablando de un sentimiento con profundas raíces evolutivas, es decir, de un sentimiento que se vino gestando con fuerza en el pasado ancestral. Debemos hacer un esfuerzo para razonar sobre el envidiado y sus éxitos de un modo positivo. Quizá lo que tiene lo ganó con esfuerzo y dedicación y sin ningún deseo de perjudicarnos.