Cuidado con la justicia por mano propia

Con el recrudecimiento de la inseguridad también llega el incremento de los casos de justicia por mano propia. Y muchas personas la justifican, la consideran la única alternativa frente a la impunidad y la debilidad del sistema de justicia colombiano, que es percibido por el ciudadano  de a pie como garantista para el delincuente. Es decir como el sistema judicial no es capaz de someter ni mitigar la actuación de los delincuentes, entonces la gente se cree con el derecho a castigarlos cada vez que tiene la ‘suerte’ de detener a uno de ellos. Es lógico considerar que las sociedades donde la justicia por mano propia se convierte en una práctica normal, es porque tiene problemas institucionales de fondo y la confianza en la policía, el ejército, las leyes y los jueces es muy débil. Y si además los índices de inseguridad están disparados, estas coincidencias de factores, se convierten en un ambiente propicio para que la justicia por mano propia germine como un comportamiento casi que socialmente aceptado. En este contexto las sociedades deberían enfocarse en recuperar la confianza institucional, y no en ‘normalizar’ la justicia por mano propia. 
Separar a víctima, juez y verdugo nos garantiza un grado mínimo de imparcialidad que permita que la justicia se aplique de la mejor manera posible. Esto no ocurre en los casos de justicia por mano propia, donde muchas veces víctima, juez y verdugo son la misma persona.
La justicia por mano propia está dominada por la ira y el odio,  y el promoverla agrava las fracturas sociales, por lo tanto se rompe la convivencia pues esta solo se entiende como una lucha entre un bando y el ‘otro’; Se produce una especie de ruptura del tejido social alrededor de estas prácticas impiden que se creen entornos comunitarios sanos,  fundamentados en la solidaridad y la confianza, por el contrario, la vida en comunidad se transforma en un campo de batalla donde la intriga, el miedo y los señalamientos predominan.
Desde el punto de vista lógico y legal, la justicia por mano propia es un delito. Y más que una solución al problema de raíz lo agrava, porque al extralimitarse o sobrepasar la proporcionalidad en la respuesta de quien se defiende de un asalto lo expondría de inmediato a una investigación y a un proceso penal por lesiones personales, tortura e, incluso, homicidio, pasando fácilmente de ser víctima a victimario.
Hay muchos casos ocurridos en Colombia en el que la víctima original de un robo, se convierte en asesino y termina en la cárcel. Otros igual de terribles, han generado un estado de confusión en el que se acaba ‘ajusticiando’ a inocentes que estaban en el momento y en el lugar equivocado. La justicia por mano propia no es sana para la sociedad y nunca debe confundirse con el derecho a la legítima defensa.