Ayer jueves, la vía Panamericana, entre Popayán y Cali, a la altura del corregimiento Pescador, en el municipio de Caldono, amaneció bloqueada por las comunidades indígenas que esta vez protestan por el asesinato de sus líderes y comuneros.
En un principio se indicó que los indígenas permitirían el paso vehicular cada dos horas, sin embargo desde la Terminal de Transporte de Cali se suspendió la venta de pasajes hacia Popayán.
Como siempre, Popayán vuelve a cargar con la cruz de la movilización indígena, o por lo menos de los bloqueos, mecanismo de presión con el que históricamente las comunidades étnicas han logrado grandes prerrogativas, para ‘ellas’, que no suponen una mejoría para el resto de la ciudadanía. Nos solidarizamos con las comunidades étnicas víctimas de la violencia, desde este medio le hemos hecho eco a las denuncias por violación de los derechos humanos, y por la violencia ejercida contra líderes indígenas, afros y campesinos. Pero el mecanismo de protesta del bloqueo a la Panamericana, no afecta a los perpetradores y a los determinadores de la violencia, si no al ciudadano de a pie.
El nuevo Gobierno debe asumir una postura distinta a la de los anteriores, que simplemente dejaban pasar. Se trata de anticiparse, de conjurar, de abrir un escenario de diálogo para que esas vías de hecho no lleguen a ocurrir. Se debe evitar a toda costa que se produzcan cierres prolongados de la Panamericana. El actual Gobierno del Presidente Petro debe aprovechar la sintonía y la cercanía con las comunidades para establecer espacios permanentes de diálogo, no solo por este tema de las violaciones de derechos humanos sino por cualquier problemática que pueda derivar en acciones de hecho. Si bien es verdad que el pueblo caucano de alguna manera ‘se ha acostumbrado’ a los taponamientos, como se acostumbra al dolor, a la pobreza, a los problemas, y nos hemos convertido en un pueblo resiliente, no podemos convertirnos en la eterna moneda de cambio para las reivindicaciones populares, especialmente de los pueblos indígenas. Hay que poner fin a este flagelo que destruye la economía, la movilidad y nos afecta a todos. No es el momento para taponamientos indefinidos y corredores humanitarios a cuentagotas, no es el tiempo de fastidiar al hombre de la calle. Si es que somos todos ‘pueblo’ y estamos en la misma lucha hay que demostrarlo en la práctica. Este es el momento.
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