La valiosa y sufrida mujer rural

Mañana 15 de octubre se celebra el Día Internacional de la Mujer Rural. De acuerdo con la Ley 731 de 2002, las mujeres rurales son aquellas “que sin distingo de ninguna naturaleza e independientemente del lugar donde viva, su actividad productiva está relacionada directamente con lo rural, incluso si dicha actividad no es reconocida por los sistemas de información y medición del Estado o no es remunerada”. Las mujeres rurales-una cuarta parte de la población mundial- trabajan como agricultoras, asalariadas y empresarias. Labran la tierra y plantan las semillas que alimentan naciones enteras. Además, garantizan la seguridad alimentaria de sus poblaciones y ayudan a preparar a sus comunidades frente al cambio climático.
Sin embargo, como señala ONU Mujeres, las campesinas sufren de manera desproporcionada los múltiples aspectos de la pobreza y pese a ser tan productivas y buenas gestoras como sus homólogos masculinos, no disponen del mismo acceso a la tierra, créditos, materiales agrícolas, mercados o cadenas de productos cultivados de alto valor. Tampoco disfrutan de un acceso equitativo a servicios públicos, como la educación y la asistencia sanitaria, ni a infraestructuras, como el agua y saneamiento.
Y es que, si las mujeres rurales tuvieran el mismo acceso que los hombres a los recursos, la producción agrícola en los países en desarrollo aumentaría entre 2,5 y 4% y el número de personas desnutridas en el mundo disminuiría aproximadamente entre un 12% y un 17% (FAO, 2011). En Colombia las mujeres dedican más del doble de horas a los trabajos de cuidado del hogar, que no son remunerados. A pesar de que cada vez son mayores las iniciativas para incrementar la participación, inclusión y equidad de género en las labores del campo, hay grandes problemas sociales que no se han podido superar. Esta es una de las grandes que los gobiernos nacionales y regionales tienen con la mujer que vive en entornos rurales, especialmente en departamentos con vocación agrícola como el Cauca. Nosotros como ciudadanos también debemos poner de nuestra parte y apoyar en lo posible a las mujeres que traen sus productos a las plazas de mercado, a las artesanas, las emprendedoras, las madres cabeza de familia y todas aquellas valientes que además de producir alimentos lideran iniciativas comunitarias