Las palabras del exgobernador caucano, Oscar Campo, sobre el tema del deslizamiento de tierras sobre la vía Panamericana, generaron indignación. Y con justa razón. Dijo que “recuperar la vía se tomará un tiempo importante. Hay deslizamientos sobre la banca y pérdida de la misma. La vía alterna por La Sierra no tiene capacidad ni para vehículos de carga ni para buses, tampoco para todo el volumen de tráfico que generan los automóviles particulares”. “Que descaro del exgobernador y hoy representante por el Cauca Óscar Campo. Dice que vía alterna no tiene capacidad, pero se olvida que contó con 4 años gobernando el Cauca y no hizo nada por esa vía. Las comunidades no olvidan el abandono que en muchas zonas y en materia vial han tenido Temístocles Ortega, Óscar Campo y Elías Larrahondo”, manifestó un ciudadano ante las palabras de Campo al referirse al megadeslizamiento en Rosas. Sobre el asunto, a este medio le indicaron que el proyecto Timbío – El Estanquillo en realidad ha sido atrasado adrede debido a que hay intereses políticos de por medio que impiden decidir a favor del mismo. No hicieron nada cuando podían haberlo hecho y ahora miran los toros desde la barrera y se atreven a lanzar críticas. Si eso no es la definición misma de cinismo, no podríamos encontrar otra.
Hay un sentimiento de descontento de gran parte de los caucanos por la clase política que hoy nos representa y nos gobierna. Y es que no es para menos, la gente ya no traga entero, está más informada y entiende a la perfección que el departamento del Cauca es un escenario de pobreza, desigualdad y violencia, y que ese es el resultado de la gestión de nuestros dirigentes. Y ese malestar se empieza a convertir en enardecimiento, pues cada cuatro años estos señores se aparecen en los territorios como si la cosa no fuera con ellos organizan la parafernalia electoral, la fiesta para pedir el voto. La gente es consciente de ese manoseo. Pero cada nación tiene el gobierno que se merece tal como dijo el filósofo Joseph de Maistre. Y esa indignación debe traducirse en las urnas, de lo contrario se convierte en un simple lamento inútil, sin trascendencia para la sociedad. Y eso es lo que ocurre últimamente en este país, que todos nos quejamos por la corrupción, por la inutilidad de nuestros representantes y gobernantes pero no ejercemos nuestro derecho a votar y permitimos que una minoría elija y determine el destino de la mayoría.



