La caficultura colombiana ha presentado capítulos de verdadero heroísmo y trabajo duro, como lo fue en el siglo diecinueve cuando se sembraron las primeras plántulas de café en laderas de la cordillera oriental, en Santander.
Con los jesuitas
De esta forma lo expresó el gerente del parque Tecnológico del café, Tecnicafé, César Echeverry, al resaltar algunos capítulos de la obra en donde se recoge esta historia. En especial, la que habla de la siembra de las primeras mil plantas, en los municipios de Arboleda, Bochalema, Chinácota y Gramalote.
“Ese cultivo logró fortalecer a lo largo de varias décadas del siglo diecinueve las relaciones económicas y sociales como ningún otro había podido hacerlo en la colonia. Fue parte de la naciente historia de la República e hizo posible su inserción económica en el ámbito nacional e internacional”, destacó Echeverry.
Y agregó que “la caficultura colombiana lleva en su génesis un compendio de valentía y capacidad. Hay antecedentes tan sorprendentes que se puede decir que el café literalmente llegó ‘de la mano de Dios’, porque fue con la comunidad de los jesuitas que se trajeron las primeras semillas”.




