
Esconder a los vendedores
Parece que habrá acuerdo entre comerciantes informales y Alcaldía de Popayán, para que los primeros puedan trabajar durante la Semana Santa. Eso sí, con condiciones y restricciones. En principio se habló de prohibición y restricción. Que haya acuerdo realmente no es ninguna novedad, es más bien una gran obviedad. Es como pretender esconder nuestra realidad para dar una cara distinta ahora que llegan las visitas. ¿Haber quién podría reprimir al ejército de vendedores informales que existe en Popayán? Eso es imposible. Ni siquiera es viable poner restricciones muy radicales porque el comerciante informal también quiere aprovechar el gentío para cuadrar caja, y en realidad lo merece.
Sin futuro
El comercio informal, la calle, la venta ambulante son el refugio natural, la tabla de salvación frente al drama del desempleo, que sufren miles de personas en una ciudad que no brinda oportunidades, en donde los jóvenes perciben el presente y el futuro como un gigantesco desierto. ¿Cómo se le puede decir a la madre cabeza de familia que estos días se quede en casa? No hay otro remedio que convivir con la realidad de la economía informal, como se convive con la realidad del transporte informal por ejemplo. A la luz de las normas es además ilegal. La ley no permite que un motociclista cobre por trasportar a otra persona. Pero ahí están las calles plagadas de mototaxistas que encuentran el sustento para sus familias.
Semana Santa
Aparte de mirar por encima del hombro a los comerciantes informales, y ahora que Popayán se apresta a vivir la semana más importante del año, también sería bueno mirar a los comerciantes formales, hacer alguna especie de campaña para que atiendan bien a los visitantes, sin exagerar los precios, sin abusar. Porque la mala experiencia de un solo turista es como un gas venenoso. No solo hace que ese turista en particular nunca regrese si no que nos recomiende mal en sus círculos. Eso es como cuando alguien te dice que en un restaurante no guardan la higiene, sea o no verdad, uno no va por mera sospecha. Siempre hemos dicho que la Semana Santa es un patrimonio de todos los que vivimos en esta ciudad, no solo de los comerciantes, hoteles y demás. Si la Semana Santa va bien, le va bien a la economía en general.




