Parece que hubiera sido ayer, pero ya han pasado cuatro décadas desde que una buena mañana del año 1983, la naturaleza le pegara una sacudida violenta al tranquilo y bonito pueblo que era Popayán en ese entonces.
Terremoto
Popayán tiene grabada en su historia particular, el capítulo del terremoto del 31 de marzo de 1983, pero cada vez con menor profundidad, pues el tiempo se encarga de quitarle el peso a los acontecimientos que un día parecían definitivos. Cada año hay menos testigos presenciales y los testimonios adquieren el carácter de una vieja retahíla. A las nuevas generaciones les importa poco el asunto.
Nostalgia
A los nostálgicos sin embargo, todavía les gusta hablar del tema, a los que estuvieron en los sitios claves del desastre, a los que esa mañana estaban en misa en la Catedral, a los que vieron desaparecer el primer piso de los bloques Pubenza o los que presenciaron el macabro espectáculo de los muertos saliendo de sus tumbas en el Cementerio Central. A los que se nos cruzó el sismo en plena infancia nos quedó para siempre ese desasosiego, esa presión en el pecho de tanto escuchar a los adultos rogar al Cielo clemencia. Nos quedó el recuerdo de las noches al raso, bajo la luz de la luna con el miedo en el cuerpo azuzado por las réplicas.
Historia
Con el terremoto del 83, Popayán entró a hacer parte de las ciudades cuyo devenir fue marcado por un sismo. Muchos payaneses creen que el terremoto era necesario para sacudir aquel villorrio de gente provinciana. Otros reniegan de los efectos del terremoto; les jodieron la finca de recreo, el vividero paradisiaco donde todos se saludaban en la calle, sin trancones, contaminación, ni agobios modernos. El movimiento telúrico le sacudió el polvo de los siglos a Popayán, y como al que le dan una cachetada para sacarlo de un paroxismo, nos hizo espabilar.
Atrás
El mundo había seguido su camino y nos había dejado atrás. Generó una onda expansiva urbanística brutal. Miles de familias se lanzaron a invadir tierras y levantar ‘cambuches’. Se organizaron asentamientos y se crearon tejidos comunitarios que más tarde les garantizarían la legalidad de sus viviendas. . Saber qué hubiera pasado con Popayán de no haberse cruzado el terremoto hace ya 38 años, nadie lo sabe, lo que si es que nunca volvería a ser la de antes, para bien o para mal.





