
El lío de los VTA
Hace algún tiempo, venía una carreta subiendo la pendiente de la carrera Cuarta, cerca al antiguo Telecom. Venía del barrio Bolívar con una carga de papa tremenda. Además de la carga, arriba venían 4 personas además del conductor, que descargaba el látigo con sevicia sobre el lomo del equino para hacerlo subir rápido y alcanzar a pasar en verde el semáforo de la esquina de la calle Tercera.
Brutalidad
El animal traía los ojos brotados por el esfuerzo brutal, el cuerpo brillante de sudor, se notaba que venía al límite de su capacidad. A pesar de la carrera a la que lo obligaba su insensible conductor, este le tiró de las riendas ante la luz roja. El animal quedó como perdido entre una fila de vehículos particulares y colectivos de servicio público que esperaban otra luz verde.
Extenuación
Cuando esta alumbró, después de unos minutos eternos para los humanos que conducían sus aparatos, y fugaces para el equino se ahogaba extenuado, empezó un estertor de pitidos de gente afanada, e histérica. El animal con sus ojos desorbitados, recibió otra descarga de latigazos que lo obligó a reanudar su penosa marcha, rumbo a quien sabe dónde.
Procesión
Parecía que el animal se iba a desplomar en cualquier momento, pero increíblemente saco fuerzas de la nada, de su espíritu y cuerpo apaleados, y empezó la última parte del ascenso de la Cuarta y desapareció entre el tráfico desatado del medio día. Entretanto, abajo, al final de la calle otras dos carretillas venían en la misma dirección, como en una procesión de tortura.
Humanidad
El tema de los vehículos de tracción animal, o carretillas, debería solucionarse por razones de humanidad cuanto antes. Por más que se haya intentado desde la administración otorgarle cierto formalismo, mediante campañas de salud y educación para sus propietarios, matrículas y otras medidas, seguimos viendo por la ciudad escenas denigrantes de abuso que rayan en el maltrato.





