Central Park, uno de los espacios verdes más importantes de Nueva York, está modificando la manera en que administra sus paisajes para responder a un clima cada vez más cálido y variable. El objetivo no consiste únicamente en conservar la apariencia histórica del parque, sino en conseguir que sus árboles, jardines, suelos, cuerpos de agua y ecosistemas puedan soportar condiciones ambientales más extremas.
La adaptación climática de Central Park incluye diferentes medidas relacionadas con el manejo de la vegetación, el aprovechamiento de residuos orgánicos, el uso eficiente del agua y la transición hacia equipos eléctricos. Estas acciones forman parte de una estrategia más amplia de sostenibilidad desarrollada por la Central Park Conservancy, organización encargada de la conservación y mantenimiento del parque.
El proceso cobra especial relevancia porque el parque cumple una función que va mucho más allá de la recreación. Sus aproximadamente 843 acres y más de 18.000 árboles ayudan a disminuir las temperaturas, proporcionar sombra, absorber agua de lluvia, almacenar carbono y ofrecer refugio a numerosas especies.
Un parque histórico frente a un clima diferente
Central Park fue concebido en el siglo XIX como un gran espacio natural dentro de Manhattan. Durante décadas, sus jardines, bosques, lagos, praderas y caminos han sido administrados para conservar el diseño paisajístico que caracteriza al parque.
Sin embargo, las condiciones ambientales actuales plantean problemas diferentes a los que enfrentaban sus administradores en décadas anteriores.
La Central Park Conservancy reconoce que el cambio climático está alterando los ciclos estacionales, la salud de los árboles y las condiciones de los ecosistemas del parque. Entre los principales riesgos se encuentran el aumento de las temperaturas, las sequías, las lluvias intensas, las inundaciones, la erosión y la aparición o expansión de plagas y enfermedades.
El desafío consiste en adaptar un paisaje histórico sin eliminar las características que hacen reconocible a Central Park.
Por esa razón, la estrategia no implica simplemente sustituir grandes áreas verdes por nuevas estructuras. La idea es modificar progresivamente la manera en que se plantan, mantienen y aprovechan los recursos naturales del parque.
El calor extremo ya está modificando la gestión del parque
Uno de los principales problemas es el aumento de las temperaturas en Nueva York.
Las zonas urbanas presentan el denominado efecto de isla de calor, provocado en buena medida por la concentración de edificios, pavimento, concreto y otras superficies que absorben y retienen energía térmica.
Central Park funciona como una especie de refugio térmico dentro de Manhattan. Un estudio desarrollado por el Central Park Climate Lab encontró que, durante el día más caluroso de su investigación en julio de 2022, las zonas boscosas del parque registraron temperaturas del aire aproximadamente 10 grados Fahrenheit —unos 5,6 grados Celsius— inferiores a las registradas en árboles ubicados en calles de la ciudad. Las áreas de césped con árboles también fueron alrededor de 5 grados Fahrenheit más frescas.
Esto significa que conservar los árboles y las áreas naturales no es solamente una cuestión estética.
La vegetación tiene un efecto directo sobre las condiciones térmicas del entorno.
Los árboles proporcionan sombra y liberan vapor de agua mediante la transpiración, mientras que los suelos y las plantas ayudan a reducir el calentamiento asociado con las superficies impermeables.
Plantas seleccionadas para soportar nuevas condiciones climáticas
Uno de los cambios más importantes está relacionado con la selección de especies vegetales.
El calentamiento y las modificaciones de los ciclos estacionales pueden alterar los momentos en los que determinadas especies florecen. Un invierno inusualmente cálido puede provocar que algunos árboles comiencen su floración antes de tiempo. Si posteriormente se produce una helada, las flores y los nuevos brotes pueden resultar afectados.
La Central Park Conservancy ha explicado que está estudiando y probando variedades de plantas procedentes de diferentes zonas climáticas para identificar aquellas que puedan adaptarse mejor a las condiciones futuras de Nueva York.
Esto representa un cambio importante en la administración de un parque histórico.
Durante mucho tiempo, la conservación paisajística estuvo enfocada principalmente en mantener determinadas especies y diseños. Ahora, los encargados deben considerar también cómo se comportarán esas plantas en un escenario de temperaturas más altas y estaciones menos predecibles.
El objetivo es encontrar un equilibrio entre conservar el carácter histórico del parque y evitar que determinadas especies pierdan progresivamente su capacidad de sobrevivir.
Compostaje para fortalecer los suelos
Otra de las medidas adoptadas es el aprovechamiento de los residuos orgánicos generados dentro del propio parque.
En abril de 2026, la Central Park Conservancy anunció una asociación con la organización ambiental Big Reuse para desarrollar un sistema de compostaje dentro del parque. La iniciativa permite procesar hojas, malezas y otros materiales orgánicos procedentes de las labores habituales de mantenimiento.
El material obtenido puede volver a utilizarse en los jardines y paisajes de Central Park.
Este proceso tiene varios objetivos. Por una parte, disminuye la cantidad de residuos que deben trasladarse fuera del parque. Por otra, permite devolver nutrientes al suelo y mejorar sus condiciones.
Los suelos con mayor cantidad de materia orgánica pueden contribuir a retener agua y mejorar la capacidad del terreno para soportar períodos de estrés ambiental.
Además, durante lluvias intensas, un suelo saludable puede contribuir a absorber y retener parte del agua, reduciendo el escurrimiento superficial.
La estrategia también responde a un problema económico y ambiental: transportar residuos hacia instalaciones externas requiere vehículos, combustible, mano de obra e infraestructura. Reutilizar parte de esos materiales dentro del mismo parque permite cerrar una parte del ciclo de los recursos.
El agua se convierte en otro elemento fundamental
El cambio climático no solamente significa temperaturas más altas.
Nueva York también enfrenta episodios de lluvias intensas y problemas relacionados con inundaciones y erosión. Por esa razón, la administración de los cuerpos de agua es otro componente de la estrategia de adaptación.
Central Park cuenta con diferentes lagos, estanques, arroyos y otros cuerpos de agua. En la zona norte existe una secuencia de cuerpos de agua que incluye The Pool, el Loch, el Ravine y Harlem Meer. Actualmente, algunos de estos sistemas dependen parcialmente del suministro de agua de la ciudad.
Los nuevos trabajos buscan permitir una mayor circulación y reutilización del agua entre determinados cuerpos de agua del sector norte, reduciendo la necesidad de incorporar continuamente agua potable al sistema, según la información difundida sobre las medidas de adaptación del parque.
El ahorro de agua adquiere especial importancia cuando las ciudades deben prepararse simultáneamente para períodos secos y para episodios de lluvias extremas.
Menos combustibles fósiles en las labores de mantenimiento
La adaptación también está llegando a las herramientas y vehículos utilizados para mantener el parque.
La Central Park Conservancy señala que actualmente el 90 % de su flota en servicio es eléctrica, como parte de la sustitución progresiva de vehículos que funcionan con combustibles fósiles.
La transición incluye equipos utilizados para diferentes tareas de mantenimiento.
La estrategia consiste en reemplazar progresivamente maquinaria convencional cuando llega el momento de renovarla, en lugar de desechar prematuramente equipos que todavía funcionan.
Esto permite reducir las emisiones asociadas a las operaciones de mantenimiento y, al mismo tiempo, avanzar hacia una infraestructura menos dependiente de combustibles fósiles.
Los árboles son una infraestructura contra el calor
Uno de los elementos más importantes de toda la estrategia sigue siendo el arbolado.
Central Park cuenta con más de 18.000 árboles pertenecientes a más de 85 géneros y unas 230 especies. De acuerdo con el marco de sostenibilidad de la Conservancy, los árboles y los suelos del parque almacenan grandes cantidades de carbono y contribuyen a la regulación de la temperatura y a la calidad del aire.
La organización también plantea mantener un equilibrio entre árboles jóvenes y maduros para garantizar la continuidad de la cubierta vegetal.
Esto es importante porque los árboles maduros ofrecen una gran capacidad de sombra, pero también pueden ser más vulnerables a determinadas enfermedades, plagas y fenómenos meteorológicos.
Por eso, plantar árboles nuevos mientras se mantienen saludables los ejemplares existentes permite crear una cobertura que pueda mantenerse durante las próximas décadas.
Un parque que también protege a la ciudad de las lluvias
La adaptación de Central Park no se limita al calor.
Las áreas verdes también funcionan como infraestructura natural para manejar el agua.
El césped, los árboles, los jardines y los bosques permiten que parte del agua de lluvia se infiltre en el terreno en lugar de desplazarse inmediatamente hacia las calles y sistemas de drenaje.
La Central Park Conservancy señala que las superficies permeables son especialmente importantes frente al incremento de las precipitaciones extremas, ya que pueden absorber agua y disminuir la velocidad con la que esta llega a otras zonas.
Esto convierte al parque en una pieza de infraestructura urbana.
En otras palabras, una zona verde no solamente ofrece un espacio para caminar o descansar: también puede prestar servicios ambientales que ayudan a reducir determinados riesgos urbanos.
El desafío de conservar un paisaje histórico
Uno de los aspectos más complejos de esta transformación es que Central Park no es un parque urbano convencional.
Su diseño histórico es parte fundamental de su valor cultural y turístico. Por ello, cualquier modificación debe considerar la necesidad de mantener su identidad.
La propia Central Park Conservancy reconoce que uno de los grandes retos consiste en proteger el carácter histórico del paisaje mientras se responde a las condiciones de un clima cambiante.
Esto puede generar decisiones difíciles.
Una especie que forma parte de la identidad histórica del parque puede ser menos resistente a las condiciones climáticas futuras. En esos casos, los administradores deben estudiar si es posible mantenerla, fortalecer sus condiciones de crecimiento o introducir gradualmente otras especies que puedan soportar mejor el nuevo escenario.
La adaptación, por tanto, no significa abandonar el diseño histórico, sino buscar mecanismos para que ese paisaje pueda mantenerse durante las próximas generaciones.
Central Park como laboratorio para estudiar el cambio climático
La transformación también tiene una dimensión científica.
La Central Park Conservancy trabaja junto con la Yale School of the Environment y la Natural Areas Conservancy en el Central Park Climate Lab, una iniciativa que utiliza el parque como espacio de investigación sobre los efectos del cambio climático en las áreas verdes urbanas.
Los investigadores analizan diferentes tipos de vegetación y su capacidad para reducir las temperaturas.
Este tipo de información permite comparar, por ejemplo, el comportamiento térmico de una zona boscosa con el de un césped abierto o con árboles ubicados en las calles.
Los resultados pueden utilizarse posteriormente para tomar decisiones sobre mantenimiento, restauración y diseño de otros parques urbanos.
¿Por qué estas medidas son importantes para Nueva York?
La importancia de estas medidas va más allá de Central Park.
Nueva York es una ciudad densamente construida, con millones de habitantes expuestos a temperaturas elevadas durante los períodos de calor.
En junio de 2025, por ejemplo, Central Park alcanzó los 99 grados Fahrenheit —aproximadamente 37,2 grados Celsius— durante una ola de calor, rompiendo un récord de temperatura que se mantenía desde 1888. Durante ese episodio, los servicios de urgencias de la ciudad registraron cientos de visitas relacionadas con el calor.
El episodio demuestra por qué los parques pueden convertirse en una parte importante de las estrategias urbanas frente a las altas temperaturas.
Mientras los edificios y las calles pueden acumular calor, las áreas con árboles, vegetación y suelos permeables ofrecen condiciones diferentes.
Por eso, mantener y ampliar la infraestructura verde puede complementar otras medidas, como los centros de enfriamiento, los sistemas de alerta y los planes de emergencia.
El impacto económico de la adaptación climática
La transformación de Central Park también tiene una dimensión económica.
Las olas de calor, las inundaciones y otros fenómenos extremos generan costos para las ciudades. Pueden aumentar las necesidades de mantenimiento, dañar infraestructura, afectar la actividad turística, incrementar el consumo de energía para refrigeración y elevar los gastos asociados con emergencias.
Invertir anticipadamente en infraestructura verde puede reducir parte de esos riesgos, aunque el costo y los beneficios concretos dependen del proyecto y del horizonte de tiempo utilizado para evaluarlos.
En el caso de Central Park, además, existe un componente turístico importante. El parque es uno de los lugares más visitados de Nueva York y su conservación contribuye a mantener el atractivo de la ciudad.
Por esa razón, proteger sus paisajes también ayuda a preservar un activo cultural, ambiental y turístico.
¿Qué tiene que ver esto con Colombia y con comprar productos nacionales?
Aunque la noticia ocurre en Estados Unidos, la discusión sobre infraestructura, sostenibilidad y economía permite establecer una comparación importante con Colombia: la manera en que un país utiliza sus recursos y fortalece su producción interna también tiene consecuencias económicas.
Sin embargo, es importante hacer una precisión: importar productos no es automáticamente malo para Colombia.
Las importaciones pueden ser necesarias y beneficiosas cuando permiten adquirir maquinaria, tecnología, medicamentos, materias primas o productos que no se fabrican suficientemente en el país. Incluso algunos bienes importados son utilizados como insumos para producir posteriormente bienes colombianos.
El problema aparece cuando una economía sustituye de manera significativa productos que podría producir competitivamente en el país por bienes extranjeros, especialmente si esto debilita sectores nacionales que podrían desarrollarse.
Colombia registró un fuerte aumento de las importaciones
Los datos oficiales más recientes del DANE muestran que en julio de 2026 Colombia importó bienes por US$7.968,1 millones CIF, un aumento del 22,9 % frente a julio de 2025.
El crecimiento estuvo impulsado principalmente por las manufacturas, que representaron el 72,5 % del valor total de las importaciones de ese mes.
Al mismo tiempo, las exportaciones colombianas alcanzaron US$4.690,7 millones FOB, con un crecimiento anual de 5,9 %.
Como resultado, la balanza comercial registró en julio de 2026 un déficit de US$2.797,8 millones, superior al déficit de US$1.694,2 millones registrado en julio de 2025.
Estas cifras no significan que cada producto importado sea perjudicial. De hecho, una parte de las importaciones corresponde a bienes necesarios para empresas y consumidores.
Pero sí muestran que el valor de las compras externas creció considerablemente más rápido que el de las exportaciones en ese período.
¿Por qué fortalecer la compra de productos colombianos?
Cuando un consumidor compra un producto fabricado en Colombia, una parte del dinero puede circular dentro de la economía nacional.
Dependiendo del producto y de su cadena de producción, la compra puede generar ingresos para fabricantes, agricultores, transportadores, comerciantes, trabajadores y proveedores nacionales.
Por ejemplo, si una empresa colombiana produce alimentos, necesita materias primas, empaques, transporte, almacenamiento y servicios. Una mayor demanda de sus productos puede fortalecer esa cadena.
En cambio, cuando un producto extranjero sustituye directamente a uno nacional que podría competir en condiciones similares, una mayor parte del gasto termina remunerando producción realizada fuera del país.
Eso no significa que todo el dinero de una importación «se vaya» automáticamente de Colombia, porque participan distribuidores, transportadores, comercios y otros actores nacionales. Sin embargo, la producción de origen extranjero significa que el componente productivo principal se realizó en otro país.
El empleo también está relacionado con la demanda interna
La producción nacional necesita compradores.
Si una empresa colombiana consigue aumentar sus ventas, puede tener incentivos para producir más, contratar trabajadores, invertir en maquinaria y ampliar su capacidad.
El efecto no es automático ni igual en todos los sectores, pero la demanda interna es uno de los elementos que sostienen la actividad empresarial.
El DANE reportó que en julio de 2026 las ventas reales del comercio minorista aumentaron 5,3 % y el personal ocupado en ese sector creció 1,0 % frente al mismo mes de 2025.
Por eso, fomentar el consumo de productos nacionales puede formar parte de una estrategia más amplia para fortalecer cadenas productivas, siempre que los productos tengan condiciones adecuadas de calidad, precio y competitividad.
Una economía no puede depender únicamente de productos importados
Existe además un aspecto estratégico.
Si determinados sectores nacionales desaparecen porque no consiguen competir con productos extranjeros, el país puede terminar dependiendo de proveedores externos para bienes que anteriormente producía internamente.
Esto puede ser especialmente delicado en sectores considerados estratégicos, como alimentos, medicamentos, energía, tecnología, productos químicos o determinados bienes industriales.
La dependencia externa no significa que un país deba producir absolutamente todo.
Ninguna economía moderna funciona de esa manera.
La cuestión es encontrar un equilibrio entre aprovechar las ventajas del comercio internacional y mantener capacidades productivas nacionales en sectores donde Colombia pueda ser competitiva o donde exista un interés estratégico en conservar producción interna.
Importar también puede ayudar a la producción colombiana
Esta parte es importante para evitar una conclusión equivocada.
Una política de «comprar colombiano» no debería interpretarse como que todas las importaciones son negativas.
Una fábrica colombiana puede importar una máquina que no se fabrica en el país y utilizarla para aumentar su producción. Una empresa puede importar componentes y convertirlos en un producto terminado colombiano. Un agricultor puede utilizar maquinaria extranjera para mejorar su productividad.
En estos casos, la importación puede contribuir al crecimiento de la producción nacional.
Precisamente por eso, el Ministerio de Comercio ha planteado que una política de fortalecimiento productivo debe diferenciar entre importaciones que pueden sustituirse mediante producción nacional y aquellas correspondientes a insumos estratégicos necesarios para aumentar la competitividad de las empresas colombianas.
El objetivo no debería ser simplemente «importar menos», sino producir más y mejor en Colombia allí donde exista capacidad para hacerlo, mientras se mantienen abiertas las posibilidades de acceder a tecnología, insumos y bienes que complementen la producción nacional.
El desafío para Colombia: producir, comprar y competir
La experiencia de Central Park deja una enseñanza que puede trasladarse, con las debidas diferencias, al ámbito económico colombiano.
Nueva York está invirtiendo recursos para adaptar una infraestructura existente a nuevas condiciones ambientales en lugar de esperar a que los problemas sean mayores.
Para Colombia, fortalecer la producción nacional también implica invertir en infraestructura, tecnología, investigación, capacitación, productividad y cadenas de valor.
Comprar productos colombianos puede ayudar a sostener esa actividad, pero la responsabilidad no recae únicamente sobre los consumidores.
Las empresas necesitan ofrecer productos competitivos; el Estado debe crear condiciones adecuadas para producir; y los consumidores necesitan encontrar calidad y precios razonables.
Un cambio que va más allá de Central Park
Central Park demuestra cómo un espacio verde puede convertirse en una pieza de infraestructura urbana frente a los efectos del calor extremo.
El parque está incorporando nuevas prácticas de manejo de residuos, conservación de agua, selección de especies vegetales, mantenimiento de suelos y electrificación de equipos mientras intenta conservar su identidad histórica.
La experiencia también muestra que la adaptación al cambio climático no consiste únicamente en construir nuevas estructuras. En muchos casos implica modificar la manera en que se administran los recursos existentes.
En Nueva York, los árboles, los suelos y los cuerpos de agua de Central Park forman parte de esa infraestructura natural.
En Colombia, el desafío económico tiene una lógica similar: aprovechar los recursos, la capacidad productiva y el talento nacional para generar mayor valor dentro del país, sin renunciar a los beneficios que ofrece el comercio internacional.





