Alejarse de lo tóxico también es crecer

Por: Laura Cabanzo.

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En el camino profesional y personal, llega un momento inevitable: entender que no todo el mundo puede acompañarte. Alejarse de personas tóxicas, negativas o atrapadas en la queja constante no es soberbia, es supervivencia emocional.

En muchos entornos de trabajo se normaliza el pesimismo. Se critica todo, se desacredita el esfuerzo ajeno y se ridiculiza a quien quiere crecer. Personas que no aportan, que no proponen y que solo drenan energía. Permanecer ahí termina afectando la motivación y el enfoque.

El trabajo, inevitablemente, filtra relaciones. Algunas amistades se enfrían, otras desaparecen. Y aunque duela, es parte del proceso. No todos entienden el esfuerzo, la disciplina y el compromiso que implica hacer lo que uno ama. Pero las personas correctas no compiten con tu crecimiento, lo respetan.

Quienes están a tu altura no se sienten amenazados por tu enfoque. No te exigen menos ni se ofenden porque priorices tus metas. Entienden que cuando alguien ama lo que hace, se apropia de su trabajo, cuida su tiempo y protege su energía.

Alejarse no siempre es perder. Muchas veces es ganar paz, claridad y rumbo. Porque rodearse bien no es tener mucha gente cerca, sino tener a las personas correctas acompañando el camino sin frenar el paso.