Así es el conflicto con las disidencias de FARC en el cañón del Micay en Cauca

Faltando dos semanas para iniciar el cese al fuego bilateral con el Gobierno, el Estado Mayor Central, disidencia de Iván Mordisco, incrementó su accionar en respuesta a la ofensiva del Ejército en el cañón del Micay, en Cauca. La región, uno de los mayores enclaves cocaleros del país, vive un drama humanitario. “No cederemos”, dijo el presidente Petro, que desde febrero desplegó una operación militar en la zona.

Una hora después del estallido, el fuego todavía seguía vivo. Cuando se dispersó la nube de humo, en medio del pánico por la explosión, un grupo de personas trató de auxiliar a la profesora Luz Stella Balanta, quien iba en motocicleta camino a su escuela cuando la bomba fue activada el miércoles pasado. La onda explosiva tiró al suelo los techos y rompió los vidrios de varias edificaciones de Timba, una pequeña población del municipio de Buenos Aires (Cauca), a media hora de Jamundí (Valle). La profe Stella, como la llamaban sus estudiantes, no sobrevivió, y tampoco Ardany Álvarez Muñoz, un joven que pasaba por allí.

Pocas horas después, otros dos atentados revivieron el horror en el Cauca: uno en Suárez y otro en Santander de Quilichao. El cuarto ocurrió el viernes, en Jamundí, donde fue detonado un carro bomba en la estación de Policía de Potrerito.

El responsable de estos hechos es el Bloque Occidental del autodenominado Estado Mayor Central (EMC), la disidencia de las antiguas FARC comandada por Iván Mordisco, que en menos de dos semanas instalará formalmente una mesa de diálogos de paz con el Gobierno e iniciará un cese al fuego bilateral. Todo eso, en medio de una confianza minada por los atentados, que han planteado dudas sobre la voluntad de paz del grupo armado.

Según el presidente de la República, Gustavo Petro, la ola de violencia tiene una causa clara. “Las acciones del EMC en el Cauca son su respuesta a nuestra ofensiva en el valle del Micay, donde se produce el 70 % de la hoja de coca del Cauca”, dijo Petro luego del atentado de Timba, y ordenó robustecer la presencia militar y policial en la zona.

¿Por qué el Cañón del Micay?

Allá, en el cañón del Micay, en el occidente del departamento, alrededor de 1.000 uniformados del Ejército que participan en la operación Trueno han ido quitándole posiciones al frente Carlos Patiño, que se ha ensañado contra la población en su afán de mantener el control.

A los confinamientos, desplazamientos, amenazas y minas antipersonales se sumaron el martes los ataques a una subestación eléctrica en Argelia, que “tiene sin servicio de energía a más de 10.000 personas de la costa Pacífica caucana y nariñense”, según le dijo a Colombia+20 el general Federico Mejía, comandante del Comando Específico del Cauca.

La ofensiva militar ordenada por el presidente Petro busca acabar con ese poderío ilegal. Desde el 7 de febrero, con la Operación Trueno, el Ejército se ha ido acercando al corregimiento de El Plateado, botín de ambas partes.

“Ellos defienden esta zona a capa y espada y por eso están generando atentados como los de esta semana, para desviar la atención de la fuerza pública y que salgamos a atender esos otros hechos, pero no vamos a parar”, dice el general Mejía.

El cañón está en el occidente del Cauca, en la cuenca del río San Juan de Micay, entre los municipios de El Tambo, López de Micay y Argelia. Es un territorio geográficamente complejo, pero estratégico.

Aunque desde hace un año la región se enfrenta a la crisis del mercado de la coca, allí se concentra el 75 % de las 25.000 hectáreas de coca sembradas en el Cauca, y los grupos ilegales han logrado construir un andamiaje para esa oferta, que incluye laboratorios de pasta base y clorhidrato de cocaína y una ruta controlada al mar para exportar la droga desde las costas de Guapi y Timbiquí.