
Es necesario que los payaneses seamos solidarios con nuestros campesinos, golpeados en los últimos días por los desastres naturales que ya conocemos de sobra. Y la mejor manera de apoyarlos es acercarnos a las plazas de mercado para comprarles sus productos.
Los campesinos no dejan de trabajar la tierra en tiempos de crisis. Sus labores no tienen paréntesis porque de ellas depende en buena medida la seguridad alimentaria del país y, por tanto, la calidad de vida y el bienestar de millones de personas. De acuerdo con el Ministerio de Agricultura, la agricultura campesina, familiar y comunitaria produce más del 70% de los alimentos del país, es la actividad que más empleos rurales genera y cumple un papel invaluable para la conservación de la agrobiodiversidad. Y sin embargo, siendo tan fundamental el campesinado para el sostenimiento de la vida misma, Colombia es un país ingrato con sus campesinos.
El advenimiento de la pandemia puso una vez más de relieve la importancia del campesinado para nuestra vida cotidiana, pero también puso en evidencia la fragilidad de sus tejidos económicos y su precariedad social. El campesino colombiano ha sufrido un abandono histórico y estructural por parte del Estado, violencia, falta de políticas públicas eficaces para generar su desarrollo.
Tanto así que la Constitución política de 1991 definió al campesinado, como una simple figura de trabajador agrícola. Las organizaciones campesinas han tenido que luchar por su reconocimiento político y jurídico en la legislación colombiana.
Tal es el caso de la ley 160 de 1994, que dio por vez primera la posibilidad de que este sector de la sociedad, tuviera una manera propia de organización social y política en sus territorios; las zonas de reserva campesina. Esta ley que deja entre ver algunas aspiraciones del campesinado, también muestra el avance del Estado por continuar en su propósito de acabar con estos, con mecanismos como las zonas de desarrollo rural, en la que tienden a proletizar a quienes a lo largo de la historia se mantienen dueños del medio de producción: la tierra.
Por todos estos argumentos nosotros como ciudadanos debemos contribuir a dignificar al campesino. A veces preferimos comprar en los supermercados de cadena y no protestamos por los precios, en cambio al campesino que se ha esforzado por cultivar, cosechar y transportar los productos del campo para ofrecérnoslos a nosotros, tenemos el cinismo de exigirle rebajas, descuentos como si les estuviéramos haciendo un favor, cuando en realidad somos nosotros los que los necesitamos a ellos.

