Ceniza volcánica obliga a mantener preparados los sistemas de navegación aérea en Sudamérica

La presencia de ceniza volcánica en la atmósfera representa uno de los riesgos naturales más importantes para la aviación, especialmente en el Cono Sur, donde la cordillera de los Andes concentra numerosos volcanes capaces de generar columnas de material que pueden desplazarse cientos o incluso miles de kilómetros impulsadas por los vientos.

Ante este escenario, los organismos aeronáuticos de países como Chile, Argentina y Uruguay mantienen y actualizan mecanismos de contingencia destinados a detectar, comunicar y gestionar eventuales nubes de ceniza volcánica que puedan afectar el espacio aéreo, los aeropuertos y las rutas utilizadas por la aviación comercial.

La preparación no parte de cero. Los países de la región cuentan desde hace años con procedimientos específicos y, en los últimos años, han incorporado nuevas herramientas de coordinación, monitoreo y pronóstico. La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) también ha impulsado ejercicios regionales para comprobar la capacidad de respuesta conjunta ante escenarios de actividad volcánica.

¿Por qué la ceniza volcánica representa un riesgo para los aviones?

La ceniza producida por una erupción volcánica no debe confundirse con el humo convencional. Está compuesta por partículas muy finas de roca, minerales y material volcánico que pueden alcanzar grandes alturas y permanecer suspendidas en la atmósfera.

El problema adquiere especial importancia para los aviones con motores de turbina. De acuerdo con el plan de contingencia de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) de Chile, una nube volcánica puede alcanzar o superar las altitudes de crucero en cuestión de minutos y extenderse sobre grandes áreas geográficas. Entre los riesgos contemplados están las fallas o pérdida de empuje de los motores, además de posibles afectaciones a sistemas eléctricos, neumáticos e hidráulicos.

La ceniza también puede producir abrasión en diferentes componentes de una aeronave y afectar instrumentos y sistemas necesarios para la operación segura del vuelo. Por eso, cuando existe información confiable sobre una nube de ceniza que cruza una determinada ruta, las autoridades y operadores deben evaluar si es necesario modificar, restringir o suspender operaciones.

Chile mantiene un sistema específico para enfrentar la ceniza volcánica

Chile ocupa un lugar central en esta planificación debido a su extensa actividad volcánica. La Dirección General de Aeronáutica Civil de Chile dispone de un Plan de Contingencia por Ceniza Volcánica para los servicios de navegación aérea.

El documento establece que la respuesta debe realizarse mediante coordinación entre las diferentes partes involucradas, en lugar de que cada organismo actúe de manera independiente. Esto incluye a los servicios de navegación aérea, meteorología, observatorios vulcanológicos, aeropuertos y operadores aéreos.

El sistema contempla mecanismos para recibir información sobre actividad volcánica y distribuirla entre los centros responsables del control del tránsito aéreo y los operadores.

La propia DGAC chilena mantiene actualmente entre sus servicios digitales una herramienta específica de monitoreo de ceniza volcánica, además de sistemas para consultar información aeronáutica, METAR y NOTAM.

Consultar el sistema de monitoreo de ceniza volcánica de la DGAC de Chile

Argentina: seguimiento de las cenizas y procedimientos para los aeródromos

Argentina también cuenta con mecanismos específicos debido a que las cenizas provenientes de volcanes ubicados en Chile pueden desplazarse hacia territorio argentino.

La normativa aeronáutica argentina contempla procedimientos específicos para la respuesta ante cenizas volcánicas. La regulación RAAC Parte 153 establece que los explotadores de aeródromos deben contar con procedimientos para actuar antes, durante y después de un episodio de caída de cenizas, incluyendo tareas de limpieza y recuperación de las áreas de movimiento y coordinación con los servicios meteorológicos, organismos vulcanológicos, proveedores de navegación aérea y operadores de aeronaves.

Además, el sistema argentino está relacionado con el Centro de Avisos de Cenizas Volcánicas de Buenos Aires (VAAC Buenos Aires), encargado de proporcionar información especializada sobre la presencia y posible desplazamiento de nubes de ceniza.

Un estudio técnico publicado por el Servicio Meteorológico Nacional en 2026 analizó 234 eventos de resuspensión de cenizas volcánicas registrados entre octubre de 2011 y septiembre de 2025 dentro del área de responsabilidad del VAAC Buenos Aires. El trabajo encontró diferencias en la frecuencia de estos fenómenos según la latitud y destacó la importancia de los volcanes Puyehue-Cordón Caulle y Calbuco en los registros históricos de la región.

Esto es relevante porque el peligro no termina necesariamente cuando una erupción disminuye. Los depósitos de ceniza que permanecen sobre el suelo pueden volver a levantarse por acción de fuertes vientos y regresar a la atmósfera, generando nuevamente condiciones que deben ser vigiladas por los servicios meteorológicos y aeronáuticos.

Uruguay también tiene protocolos pese a no contar con volcanes activos

Uruguay presenta una particularidad dentro del Cono Sur: no posee actividad volcánica propia, pero su territorio puede verse afectado por cenizas provenientes de otros países.

La Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (DINACIA) incluye dentro de su documentación oficial un Plan de contingencia por ceniza volcánica de los Servicios de Navegación Aérea de Uruguay. Además, su normativa contempla la ceniza volcánica entre las situaciones que pueden activar planes de contingencia de los servicios de tránsito aéreo.

La experiencia regional demuestra por qué estos procedimientos son necesarios. El Sistema Nacional de Emergencias de Uruguay recuerda que las cenizas del volcán chileno Puyehue llegaron al país y provocaron cancelaciones de vuelos internacionales. También registra afectaciones similares relacionadas con la erupción del Calbuco en 2015.

Consultar la documentación aeronáutica de DINACIA Uruguay

El antecedente que cambió la preparación regional: Puyehue-Cordón Caulle

Uno de los principales antecedentes para entender la importancia de estos planes es la erupción del complejo Puyehue-Cordón Caulle, en Chile, en 2011.

La actividad volcánica produjo una enorme cantidad de material que fue transportado principalmente hacia territorio argentino. De acuerdo con el Instituto Geográfico Nacional de Argentina, los depósitos de la erupción llegaron a cubrir aproximadamente 520.000 kilómetros cuadrados en el continente, con espesores superiores a 50 centímetros en algunos sectores cercanos al volcán.

El episodio tuvo además una fuerte repercusión sobre la aviación. La nube de ceniza afectó diferentes sectores de Argentina y Chile y obligó a modificar operaciones aéreas.

La OACI documentó posteriormente la experiencia del evento y señaló la necesidad de disponer de planes de contingencia capaces de responder cuando una nube de ceniza afecta a más de una región de información de vuelo, conocidas como FIR.

Este tipo de situaciones explica por qué la gestión de la ceniza volcánica no puede limitarse a las fronteras del país donde se encuentra el volcán.

Un problema que puede cruzar fronteras en cuestión de horas

Una de las principales dificultades para la aviación es que la ubicación del volcán no necesariamente determina dónde estará la ceniza.

La trayectoria depende, entre otros factores, de la altura alcanzada por la columna eruptiva y de las condiciones meteorológicas. Los vientos en diferentes niveles de la atmósfera pueden transportar las partículas hacia zonas alejadas del volcán.

Por esta razón, un episodio ocurrido en Chile puede generar consecuencias operativas en Argentina, Uruguay y eventualmente otros países de la región.

La OACI cuenta con el sistema International Airways Volcano Watch (IAVW), cuyo objetivo es facilitar la difusión de información sobre erupciones y nubes de ceniza volcánica que puedan afectar rutas utilizadas por vuelos internacionales. El sistema conecta observatorios volcánicos, centros de avisos de ceniza volcánica, oficinas meteorológicas, centros de control de tránsito aéreo y otras instituciones aeronáuticas.

Información de la OACI sobre vigilancia de ceniza volcánica y gestión de crisis

¿Cómo se decide si una ruta aérea debe modificarse?

La aparición de ceniza volcánica no significa automáticamente que todo el tráfico aéreo de una región tenga que detenerse.

Las autoridades necesitan conocer dónde está la nube, a qué altura se encuentra, hacia dónde se desplaza y cómo puede evolucionar. Con esa información se determina qué sectores del espacio aéreo podrían verse comprometidos.

En Chile, por ejemplo, los procedimientos contemplan la emisión de mensajes de información aeronáutica, conocidos como ASHTAM, cuando existe actividad volcánica relevante. Estos mensajes pueden incluir información sobre el volcán, su ubicación, la actividad registrada, los niveles de vuelo afectados y las rutas que podrían necesitar restricciones.

También se utilizan los SIGMET, avisos meteorológicos dirigidos específicamente a la comunidad aeronáutica, para comunicar fenómenos que pueden afectar la seguridad de los vuelos.

En términos operativos, esto puede traducirse en diferentes medidas: cambiar una ruta, modificar niveles de vuelo cuando las condiciones lo permiten, retrasar una operación, cancelar un vuelo o cerrar temporalmente determinados sectores del espacio aéreo.

La coordinación regional es una pieza fundamental

La experiencia acumulada en Sudamérica ha llevado a la OACI y a los Estados de la región a desarrollar ejercicios destinados a comprobar cómo funcionaría la respuesta ante una erupción.

Uno de los ejemplos más recientes fue SAM VOLCEX 24/01, un ejercicio realizado en diciembre de 2024 para la región sudamericana. El escenario simuló erupciones de tres volcanes ficticios ubicados en Chile, Perú y Colombia.

Según la documentación presentada ante la OACI, el ejercicio amplió la participación respecto de simulaciones anteriores e involucró a servicios de tránsito aéreo, información aeronáutica, observatorios vulcanológicos y operadores aéreos.

Este tipo de ejercicios permite comprobar los canales de comunicación y detectar posibles problemas antes de que ocurra una emergencia real.

La ceniza también puede afectar a los aeropuertos en tierra

El riesgo no se limita al avión que se encuentra en vuelo.

Cuando las cenizas llegan a un aeropuerto pueden depositarse sobre las pistas, calles de rodaje, plataformas, equipos y sistemas de navegación. La limpieza requiere procedimientos específicos y debe realizarse de manera coordinada para evitar que el material vuelva a ser levantado por el movimiento de aeronaves o vehículos.

Los planes de contingencia contemplan precisamente estas situaciones.

La normativa chilena establece, por ejemplo, que el administrador del aeródromo debe coordinar las acciones necesarias cuando exista información sobre una erupción o presencia de ceniza que pueda afectar las instalaciones. También contempla la coordinación con los operadores aéreos para proteger las aeronaves y los equipos ubicados en tierra.

Uruguay, por su parte, cuenta con una guía específica sobre control de cenizas volcánicas en aeródromos que contempla acciones antes, durante y después de la precipitación de cenizas.

La experiencia reciente vuelve a demostrar la importancia de estar preparados

Los episodios registrados en la región durante 2026 también han mostrado que la ceniza continúa siendo un factor capaz de alterar las operaciones.

En septiembre de 2026, medios argentinos reportaron restricciones y suspensiones de vuelos hacia diferentes puntos de la Patagonia debido a la presencia de cenizas volcánicas y a las condiciones meteorológicas asociadas. En Comodoro Rivadavia, por ejemplo, las restricciones se mantuvieron mientras las autoridades evaluaban la evolución de las condiciones y el riesgo para la aeronavegación.

Estos episodios ponen de manifiesto una característica fundamental de la gestión de cenizas: las decisiones operativas deben adaptarse constantemente a la información disponible, en lugar de depender únicamente de una previsión inicial.

Un sistema basado en información permanente

Para los pasajeros, las consecuencias más visibles de una contingencia de este tipo suelen ser los retrasos, cambios de itinerario o cancelaciones. Sin embargo, detrás de estas decisiones existe una cadena de vigilancia y comunicación que comienza con la detección de actividad volcánica y continúa con el análisis meteorológico y vulcanológico.

La información es procesada para determinar la posible trayectoria de la nube y posteriormente se distribuye a los organismos responsables de la navegación aérea.

En Chile, la DGAC mantiene herramientas públicas para consultar información aeronáutica y monitoreo de ceniza volcánica.

En Argentina, el trabajo del Servicio Meteorológico Nacional y del VAAC Buenos Aires resulta especialmente importante debido a la exposición histórica de la Patagonia y otras zonas del país a cenizas procedentes de volcanes andinos. El estudio técnico publicado en 2026 también muestra que la resuspensión de depósitos antiguos continúa siendo un fenómeno que merece seguimiento.

¿Qué significa esto para los pasajeros?

La actualización y aplicación de estos planes no implica necesariamente que exista una emergencia volcánica en curso en todo el Cono Sur. Su objetivo principal es estar preparados para actuar rápidamente si una nube de ceniza amenaza una ruta o un aeropuerto.

Cuando se presenta una situación concreta, los pasajeros deben consultar el estado de su vuelo directamente con la aerolínea y revisar las comunicaciones oficiales de los aeropuertos y autoridades aeronáuticas.

En una contingencia, las operaciones pueden cambiar incluso después de que un vuelo haya sido programado, debido a modificaciones en la dirección del viento, la concentración de ceniza o la trayectoria prevista de la nube.

Una amenaza regional que exige coordinación permanente

La experiencia del Puyehue-Cordón Caulle, los efectos posteriores de la resuspensión de cenizas y los ejercicios regionales realizados por la OACI han consolidado la necesidad de mantener protocolos específicos para este fenómeno.

Chile cuenta con procedimientos propios para la navegación aérea y sistemas de monitoreo; Argentina mantiene mecanismos de vigilancia y control vinculados con el VAAC Buenos Aires; y Uruguay dispone de planes de contingencia pese a que la amenaza procede de volcanes ubicados fuera de su territorio.

El objetivo común es que una eventual nube de ceniza volcánica pueda ser detectada, analizada y comunicada con suficiente anticipación para que los operadores y los servicios de tránsito aéreo adopten las medidas necesarias.

En una región atravesada por una de las principales zonas volcánicas del planeta, la preparación continúa siendo una parte esencial de la seguridad de la aviación y de la continuidad de las conexiones aéreas entre los países del Cono Sur.