A los ingenieros les gusta describir el proceso de aterrizaje de una nave en Marte como los "7 minutos de terror".

A los ingenieros les gusta describir el proceso de aterrizaje de una nave en Marte como los "7 minutos de terror".

A los ingenieros les gusta describir el proceso de aterrizaje de una nave en Marte como los "7 minutos de terror".
Créditos foto/video
anonimo

Ese es el tiempo que demora el robot desde que entra a la atmósfera del planeta rojo más rápido que una bala de rifle hasta que frena de pie sobre la superficie. Entre medio, muchas cosas tienen que salir bien para evitar que termine estrellado contra el suelo.

Pero cuando se trata del telescopio espacial James Webb (JWST por sus siglas en inglés), en verdad son como "14 días de terror".

El observatorio sucesor del poderoso telescopio Hubble fue construido para ver las primeras estrellas que brillan en el universo.

 

Dado que se trata de objetivos muy distantes y poco brillantes, es necesario un telescopio tan grande que debe doblarse para que quepa dentro de su cohete de lanzamiento.

 

Luego, una vez en órbita, el James Webb tiene que desplegarse nuevamente para comenzar a tomar fotografías del cosmos.

Esta estructura ha sido descrita como un ejercicio de origami al revés, en el que la delicada figura es del tamaño de una cancha de tenis.

Con 344 "puntos de fallo único"

El despliegue tiene lugar durante un período de dos semanas, inmediatamente después del lanzamiento, previsto para mediados de diciembre.

Implicará una asombrosa sinfonía de bisagras, motores, engranajes, resortes, poleas y cables que deben funcionar por comando y a la perfección.

Hay al menos 344 "puntos de fallo único", es decir, momentos críticos en la línea de tiempo en los que, si la acción no ocurre en el momento justo, el telescopio de seis toneladas no puede lograr la configuración deseada, socavando fatalmente su misión de US$10.000 millones.

La expansión de las cinco membranas superdelgadas que protegerán la visión del telescopio de la interferencia de la luz solar es particularmente complicada. Apasionante, para ser honesto.

Pero existe una enorme confianza en los ingenieros liderados por la agencia espacial estadounidense (NASA) y el fabricante aeroespacial Northrop Grumman (NG). Y eso es porque lo han probado y ensayado todo una y otra y otra vez.

"El parasol es como el paracaídas de un paracaidista: debe doblarse perfectamente para que se despliegue perfectamente sin engancharse ni enredarse", explica la ingeniera de sistemas de NG, Krystal Puga.

"Para perfeccionar la secuencia, realizamos múltiples pruebas de despliegue durante varios años en modelos más pequeños y de tamaño completo. Practicamos no solo el despliegue, sino también el proceso de almacenamiento. Esto nos da la confianza de que Webb se desplegará con éxito".

Paso a paso

El drama del Webb comienza casi tan pronto como sale de la parte superior del cohete europeo Ariane.

Primero, debe salir el panel solar. Sin energía no hay misión.

Luego es el turno de la antena direccional, la cual permite las comunicaciones bidireccionales con la Tierra. Sin comunicaciones no hay comandos.

Pero todo eso es fácil en comparación con lo que viene a continuación.

Publicado

Espacio Publicitario

rimax

Contenido promocionado

xilon