Colombia toma más vino y encuentra nuevas formas de explorarlo

Colombia toma más vino y encuentra nuevas formas de explorarlo, El consumo per cápita pasó de 0,44 a 0,60 litros en una década

¿Hay que saber de vinos para disfrutar una copa? La respuesta parece estar cambiando. En Colombia, el consumo per cápita de vino pasó de 0,44 litros en 2014 a 0,60 litros en 2024, de acuerdo con cifras de la FAO y la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). Esto representa un crecimiento cercano al 36% en diez años y abre una conversación sobre cómo está evolucionando la relación de los colombianos con esta bebida.

La transformación no ocurre únicamente en Colombia. El más reciente análisis de IWSR sobre la categoría señala que, aunque el consumo mundial de vino atraviesa una etapa de contracción, los consumidores jóvenes están adquiriendo mayor relevancia y muestran más involucramiento, experimentación y apertura hacia nuevos estilos y formatos.

Para Sergio Casé, Chief Winemaker  y  Enólogo de Bodega Trapiche, esto supone un cambio en la manera de entender el vino: ya no se trata únicamente de conocer una cepa, una región o un terroir, sino de descubrir qué sucede alrededor de una copa.

“Hoy la experiencia del vino va mucho más allá de las características técnicas de una botella. El disfrute también está vinculado con la ocasión, el descubrimiento y las emociones que genera. Estamos pasando de hablar solamente de qué es el vino a poner en valor qué nos hace sentir el vino y las experiencias que puede acompañar”.

Colombia toma más vino y encuentra nuevas formas de explorarlo

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El nuevo consumidor no quiere que le expliquen el vino: quiere descubrirlo

La tendencia resulta especialmente relevante para una categoría que históricamente ha estado asociada con códigos, conocimientos y rituales. IWSR identifica que los consumidores jóvenes que permanecen activos dentro del mundo del vino tienen una mayor disposición a experimentar y a explorar nuevos estilos.

En Colombia, Trapiche observa precisamente una mayor curiosidad y apertura hacia diferentes varietales, perfiles de sabor, rangos de precio y ocasiones de consumo. La gastronomía se convierte así en una puerta de entrada natural para nuevos consumidores.

“Las nuevas generaciones viven el vino de una manera más descontracturada y experiencial. Buscan vinos fáciles de tomar, frescos y accesibles, que puedan incorporar a momentos cotidianos, y al mismo tiempo tienen curiosidad por probar nuevos varietales, regiones y estilos”, explica Casé.

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Esa búsqueda de lo inesperado hace parte del ADN de Trapiche desde hace más de 140 años. La bodega nació en Mendoza en 1883 y ha construido parte de su historia explorando nuevas expresiones del vino argentino.

Uno de sus casos más particulares ocurrió en Chapadmalal, a seis kilómetros del océano Atlántico, donde en 2009 creó Costa & Pampa como proyecto experimental.

El desafío era producir vino en un territorio muy diferente a Mendoza: mientras la región mendocina recibe aproximadamente 200 mm de lluvia al año, Chapadmalal puede alcanzar los 1.100 mm, con un clima más frío y húmedo y condiciones que favorecen vinos frescos, delicados, aromáticos y de marcada expresión mineral.

“Si no te animas a explorar nuevas regiones, hay paisajes e historias que jamás vas a descubrir. Esa curiosidad nos llevó a mirar más allá de Mendoza y explorar la costa atlántica, un origen que en ese momento parecía impensado para la vitivinicultura argentina”, cuenta Casé.

En Colombia, esa exploración también puede darse alrededor de la mesa. Para Trapiche, una de las oportunidades de crecimiento de la categoría está precisamente en sacar al vino de las ocasiones tradicionales y llevarlo a la diversidad de la cocina colombiana.

Un Malbec o un Cabernet Sauvignon de Trapiche puede acompañar carnes, mientras que los vinos blancos encuentran posibilidades en preparaciones del Pacífico y el Caribe. La exploración también puede darse a través de nuevos maridajes, varietales y perfiles de sabor.

“El vino tiene la capacidad de transformar un momento cotidiano en una experiencia compartida. Una copa no se trata solamente de aromas, sabores o características técnicas, sino también de las emociones que genera: curiosidad, entusiasmo, descubrimiento y conexión”, afirma Casé.

Este cambio de mirada está detrás de “Exploring to feel alive”, el concepto con el que Trapiche busca conectar la categoría con una nueva generación de consumidores: personas que no necesariamente quieren convertirse en expertas en vino, pero sí están dispuestas a probar algo diferente.

Porque tal vez el futuro del vino no está en aprender todas sus reglas, sino en atreverse a romperlas y descubrir qué hay al otro lado de la copa.