Comida y encontrar a familiares, la principal angustia de un Acapulco devastado por el huracán Otis

Malestar y angustia. Esos son los sentimientos que golpean a la gente en Acapulco, la ciudad turística del sur de México, tras el paso del devastador huracán Otis de categoría 5, que dejó al menos 27 muertos y cuatro desaparecidos, a medida que poco a poco se restablecen vías de acceso y comunicaciones.

Luego de que se cumplieran 24 horas de aislamiento, a causa de los desprendimientos de tierra que bloquearon carreteras y las inundaciones en lo que ahora es un paisaje de escombros, los sobrevivientes hacían evidente su desesperación ante la lentitud en la llegada de la ayuda, comida y comunicación, tras perder la señal de telefonía.

Con una población de más de un millón de habitantes, hay familias que aún no tienen ninguna noticia de sus parientes desde que el huracán Otis destruyó barrios populares así como hoteles y grandes avenidas que antes presumían de unas hermosas vistas hacia la playa.

Flora Contreras Santos, un ama de casa de una zona empobrecida de las afueras de Acapulco, iba de soldado en soldado contando su historia de desdicha mientras trataba de que alguien le hiciera caso sobre una tragedia que ocurrió en su caso mientras llegaba el huracán.

Una ladera se derrumbó sobre su casa de techo de lámina, y la fuerza del lodo y el agua arrancó a una niña de tres años de los brazos de su madre. No la han vuelto a ver desde entonces.

Las quejas de los turistas

La prioridad parece ser el turismo y los grandes hoteles, el 80 % dañados y muchos con aspecto de gigantes desdentados sin ventanas. En sus primeras declaraciones tras la tragedia, la gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, anunció que se habilitarían diariamente entre 30 a 40 autobuses para evacuar a los miles de turistas que quedaron atrapados.

Muchos turistas se quejaban de haber sido expulsados de los hoteles sin comida ni agua. Otros, como la estadounidense Alina Callejas, de California, pedía ayuda médica para su madre, que parecía haber sufrido un derrame cerebral, pero lo mejor que pudieron ofrecer los funcionarios locales fue llevarla en una camioneta a una base militar local para que comiera gratis.