
Ahora que vemos tantos casos de delincuencia juvenil en nuestros entornos, hay que decir que si bien los contextos de deterioro social, la violencia intrafamiliar, y la falta de oportunidades para que los jóvenes desarrollen sus proyectos vitales tienen mucho que ver con este fenómeno, también tiene mucho que ver la falta de límites que existen en algunos hogares, en los que los padres están literalmente malcriando a sus hijos, con las nefastas consecuencias que esto puede producir para la sociedad en términos de violencia, intolerancia e incapacidad para vivir en sociedad y construir relaciones sanas con los demás.
Educar con límites
El amor que sentimos por nuestros hijos a veces nos impide poner ciertos límites y sin querer les hacemos daño, por lo tanto son necesarias las reglas. Y no solo son necesarias para que obedezcan, o para que haya orden en el hogar sino que son fundamentales para que desarrollen su personalidad. Los límites los harán más fuertes y los ayudarán a luchar por sus propósitos. Hoy en día la mayoría de familias necesitan dos salarios para mantenerse. Esto obliga a los padres a trabajar durante muchas horas y llegan tarde a casa, lo que crea estrés. Por no mencionar que llegan cansados y se sienten culpables porque no pueden pasar tiempo con sus hijos; y poner límites les cuesta el doble. Como resultado, los niños se malcrían. Sin embargo, con esfuerzo se puede evitar malcriar a los niños.
Niños malcriados
Un niño malcriado se puede identificar: se vuelven exigentes y no dudan en tener una rabieta para conseguir lo que quieren. Y si puede ser en un lugar público, mejor. Desafortunadamente, sus padres han reforzado inconscientemente estos comportamientos, ya sea porque han cedido ante la exigencia o porque no han aplicado las consecuencias de romper una regla. Para evitar malcriar a tus hijos es necesario poner límites y dejar muy claro que la autoridad no está reñida con el profundo amor que sientes por ellos. Precisamente, porque los quieres como padre o madre debes marcar las directrices y tener muy claro que los niños no conseguirán todo lo que quieran a base de rabietas. Evitar malcriar a los niños es un trabajo arduo, pero merece la pena.





