Por estos días han salido a la luz en el país, varios casos judiciales en los que estan involucrados policías. De ninguna manera se justifican estos hechos. Pero si se puede explicar que en este clima de corrupción y falta de credibilidad de las instituciones, unos uniformados se sientan tentados al delito. Es el mal de la corrupción que infecta las venas de la sociedad a todos los niveles. Estos se dejaron coger con las manos en la masa, pero muchos delitos cometidos por miembros de la Policía quedan ocultos en la niebla de la impunidad. No solo ocurre en la Policía, si no en todas las dependencias del Estado.
Dice un sociólogo argentino, con mucha propiedad, respecto a este cáncer, que la impunidad es una de las causas más importantes de la degradación institucional. Por eso la impunidad es más perversamente dañina para la sociedad.
Se ha comprobado que la corrupción es un mal histórico, que está tallado en la naturaleza humana desde que se establecieron las comunidades con cierto nivel de complejidad, pero cuando se junta con la impunidad se establece un maridaje ruin. Ahora, el hecho de investigar y sacar a la luz estos delitos, es la cara buena de la moneda. Habla de que existe una vertiente que se aparta del encubrimiento, a pesar de la mala imagen pública que hechos como este genera.
Y la impunidad recae como una losa sobre el aparato de Justicia; por las causas que sea, si en un país campean libremente los corruptos es porque la justicia no funciona, o lo hace a medias. En el nuevo país que queremos construir, los entes judiciales deben ser reforzados, de lo contrario seguiremos asistiendo a este tipo de escenarios tan tristes y vergonzosos.





