Alias Cucaracho

La captura de ‘Cucaracho’, un delincuente de alta peligrosidad, fue noticia viral en redes sociales y medios locales. En una foto se ve a este sujeto, (de los que se dice: 'un viejo conocido de las autoridades’) esposado a una barra de metal en la sede de la URI. Sin camisa, con varios tatuajes en torso, piernas y brazos. Su fisionomía es delgada, casi huesuda, como la de una fiera hambrienta, ágil, acondicionada para la velocidad del ataque y la huida. Su mirada es francamente desafiante, no hay atisbo de temor. ‘Cucaracho’ en su conjunto, es un delincuente tipo. Esa estampa no pasaría desapercibida en ningún sitio. Si se te acerca sabes que estás en peligro. Cuando lo capturaron iba armado, como siempre. Acababa de golpear a una mujer, su pareja. La Policía aprovechó la ocasión y lo atrapó después de la persecución de rigor. Es conocido por la violencia que emplea en sus robos. Un tipo de gatillo fácil ante la resistencia de sus víctimas, y también sin ella. Posterior a la captura de Cucaracho se dieron varias declaraciones de la Policía. Había una especie de euforia. Y eso dentro de lo que cabe es normal, así como a las autoridades se les critica por la falta de reacción contra el crimen y la inseguridad en Popayán, también tienen derecho a disfrutar con los resultados que consiguen y pueden exhibir a Cucaracho como un trofeo. 

En cuanto a la gente y sus comentarios, lo de siempre: que esta vez los jueces sean consecuentes y que no envíen a este individuo a casa, pues es un verdadero peligro para cualquiera que se le cruce en el camino. La impunidad de los delitos que más afectan a la ciudadanía es causa de un hondo malestar social. La gente ve en el endurecimiento de las penas la solución para la delincuencia juvenil. Pero en el fondo, que un individuo joven como Cucaracho termine convirtiéndose en un azote, es un fracaso de la sociedad en su conjunto. Seguramente se convirtió en un victimario porque fue antes víctima; de las circunstancias, la familia, el entorno. En otra foto, ya sosegado, sin el delirio del alcohol y las drogas, Cucaracho tiene la mirada de un tipo triste. En un video posterior dice que a su madre la mataron. Pero sabemos que vive con ella en un barrio humilde, no tiene padre, estudió hasta el bachillerato. No sabemos cómo acabará esta vida, seguramente mal, irá a la cárcel, tal vez no, volverá a delinquir. Parece lo más probable. Hasta que no resolvamos como sociedad la inequidad, la desigualdad social, la falta de oportunidades, y mientras sea la violencia a la constante en los hogares se seguirán perdiendo más vidas como la de Jaiber David Vargas Ordóñez, que así se llama ‘Cucaracho’.
 

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