Problemas vecinales

Cuando empezó a implementarse el Nuevo Código de Policía se generó cierto debate público. La filosofía de la norma era la de una herramienta necesaria para resolver y mitigar los problemas de convivencia entre los ciudadanos, pues estos generaron una alta incidencia en las estadísticas de criminalidad en el país. Es decir, los estudios muestran que gran cantidad de las denuncias por hechos de violencia surge entre vecinos, en riñas, intolerancia, por lo tanto se requería para garantizar la seguridad de los ciudadanos. Por otra parte varias organizaciones defensoras de derechos humanos, salieron a decir que el nuevo Código vulneraba libertades, que era confuso pues mezclaba temas como la convivencia, la seguridad y el orden público. 
Los detractores aseguraban que se iba a prestar para que las autoridades corruptas hicieran de las suyas por la oportunidad latente de coimas y sobornos. Los partidarios argumentaban que era necesario que le ajustaran el cinturón a la gente, por la cantidad de abusos y desordenes que ocurrían en los espacios públicos y que acaban perjudicando a todos. 
Desafortunadamente las cifras y la realidad les dan la razón a estos. Los colombianos nos estamos matando por discusiones anodinas, si nos agredimos porque la mascota del vecino nos dejó un recuerdo maloliente en nuestro jardín o porque el otro llegó borracho a poner música a todo volumen. Somos una sociedad inmadura que necesita que la pongan a régimen. Necesitamos un reglamento duro para que no hagamos estupideces, para que aprendamos a convivir en santa paz. No sabemos dialogar, la solución al conflicto es la violencia física y verbal. Un ejemplo entre miles de situaciones que suceden cada día en nuestras ciudades lo vemos hoy en el barrio Lomas de Granada, un sector caracterizado por la pujanza de sus residentes y también por sus líos vecinales. Lo último es porque unos vecinos quieren arborizar una zona que para otros debe ser destinada a la recreación. 
Los que quieren sembrar árboles no lo hacen precisamente por motivaciones ambientales si no para alejar a los molestos chicos que juegan cerca a sus viviendas y les causan perjuicios, los otros lo consideran un abuso. Necesitamos aprender a dialogar y a resolver las diferencias antes que otros las resuelvan por nosotros. Las Alcaldías deben promover espacios para tratar este tipo de problemas vecinales, escenarios libres de violencias, pedagógicos, con acompañamiento profesional, en la que también participen los jóvenes de los barrios. Sería un ejercicio interesante que quizás promueva la tolerancia y siente las bases de una sociedad futura mejor que esta. Parafraseando a alguien, hay que dialogar, dialogar y dialogar .
 

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