El espíritu de la Navidad

Don Chirimias

Vemos con complacencia que en muchos barrios este año se están decorando  las calles para las fiestas de fin de año, algo que no se veía desde que empezó la aciaga temporada de pandemia. Es el espíritu navideño que se impone en medio de las adversidades, porque en el fondo la gente quiere alegrarse, pasar un rato en familia. Hasta en las condiciones y circunstancias más terribles el espíritu humano necesita un consuelo, un candor, una sensación de armonía.

Navidad en guerra

En la Navidad del año 1914, en medio del infierno de la Primera Guerra Mundial, se dieron unos ceses del fuego no oficiales a lo largo del Frente Occidental. En la semana previa al 25 de diciembre, soldados franceses, alemanes y británicos cruzaron las trincheras para intercambiar saludos y charlas estacionales. En algunas áreas, hombres de ambos bandos se aventuraron en la tierra de nadie durante la Nochebuena y Navidad mezclándose e intercambiando comida y souvenirs. Hubo ceremonias funerarias conjuntas e intercambio de prisioneros, mientras que muchos encuentros terminaron en cánticos de villancicos. Se disputaron partidos de fútbol entre bandos, creando una de las más memorables imágenes de la tregua. Esa es la parte bonita del espíritu navideño que puede llegar a hermanar posiciones irreconciliables aunque sea por un rato. Pero la Navidad también pone en evidencia las brutales desigualdades sociales de este mundo. El poeta Rafael Fernando Navarro a propósito expresaba: “las jerarquías se ocupan de que los pobres, los hambrientos, los angustiados deban esperar a la otra vida para ver satisfecha su desesperanza, y se encargan de condenar el escalofrío del amor, el temblor gozoso de la vida y del placer, el vértigo y la magia de la existencia, porque eso es sólo un privilegio para los ricos”. 

Desigualdad y solidaridad

Frente a estas desigualdades sociales que no tienen una solución fácil, lo único que queda es promover el valor de la solidaridad en los pequeños y ésta no solo se trata de dar o regalar cosas a los que no tienen, se trata de sensibilizar a los niños y jóvenes sobre la carencia, sobre la existencia indeseable de la injusticia para que en el futuro sean ciudadanos socialmente sensibles al dolor del otro.  En una sociedad hedonista, donde lo que vale es el individuo y su ego se ha perdido lo más sustancial, el reconocimiento del otro como sujeto de los mismos derechos que tenemos nosotros mismos. 
 

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