Hay que hablar del suicidio

En días pasados se llevó a cabo una reunión entre la comunidad y funcionarios de la Secretaría de Salud con el fin de ahondar en la participación comunitaria en la prevención del suicidio.
Allí, vecinos de los barrios El Placer, Bello Horizonte, La Paz y aledaños se reunieron con el secretario de Salud Oscar Ospina, con el fin de conformar el Comité de Vigilancia Epidemiológica Comunitaria, cuyo objetivo, según el funcionario “es escuchar las necesidades, dudas y experiencias de los habitantes en torno al tema de la prevención de la conducta suicida, y cómo desde los 5 centros de escucha podemos brindar ayuda profesional y oportuna a la comunidad referente a la salud mental”.
En este sentido queremos hablar sobre la importancia de los centros de escucha, una estrategia de intervención social que tal vez no es muy conocida por la gente y que debería tener más relevancia, pues en últimas pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte de un ser humano.
En muchos casos la gente que decide quitarse la vida en medio de una crisis de ansiedad, por diversos motivos es porque no tuvo alguien de confianza con quien compartir su desesperación. Esto sucede mucho en jóvenes y adolescentes, agobiados por problemas de diversa índole en su entorno familia o en sus relaciones afectivas, o en ambas, que piensan o están convencidos de que las condiciones en las que se encuentran no tienen ninguna solución posible. Por lo tanto es fundamental que existan mecanismos de escucha permanentes, a los que las personas en estado de crisis puedan recurrir. Normalmente son líneas telefónicas, en los países desarrollados funcionan muy bien. En Colombia los programas de atención telefónica para prevenir el suicidio son útiles pero insuficientes. 
Mientras las líneas de Bogotá y Medellín tienen personal y vehículos para asistir presencialmente a quienes están en riesgo, en gran parte del territorio nacional ni siquiera hay líneas, más allá de la activada por la contingencia de la pandemia. Pero según especialistas el problema central es que los programas de prevención son diseñados normalmente por las mesas departamentales de salud mental y hoy hay instaladas menos de diez, de 32 departamentos. 
Algo hay que empezar a hacer al respecto, la curva del suicidio empieza a ascender y está tocando a personas más jóvenes, los problemas económicos derivados de la pandemia han resultado una gran fuente de ansiedad y hay que prevenir a toda costa que las personas acaben tomando decisiones trágicas. Entendiendo la falta de recursos, se deben fortalecer los centros de escucha y sobre todo informar a la gente sobre su funcionamiento, es necesario hablar con los jóvenes y niños al respecto, el suicidio es un tema del que hay que tratar abiertamente para abordarlo como una realidad y un problema de salud pública.

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