Suicidio juvenil

Tristemente hay que volver a hablar del suicidio juvenil, esta vez se trata de la joven Sara Urbana Valencia, natural de Santander de Quilichao que tomó la trágica decisión de quitarse la vida en la ciudad de Cali. La gente que la conocía bien no sale de su asombro, pues nada en la personalidad de Sara parecía indicar que sufría un dolor tan profundo que le desagarraba el alma, y que la empujó al suicidio. Para allegados y familiares, “era noble, comprensiva, alegre, entregada a su hogar, trabajadora, además muy atractiva”. Claro eso es lo que ven los demás, pero la procesión puede ir por dentro. El suicidio en jóvenes y adolescentes no es una tragedia inevitable, puede ser afrontado desde la salud pública, debe existir una información y unas rutas de atención muy expeditas para evitar que esos momentos de angustia tengan un desenlace irremediable. Pero el tema aparte del abordaje institucional, debe ser enfrentado desde todas las áreas posibles, y sobre todo prevenir desde el ámbito escolar y familiar que tan influyentes son en estas etapas de la vida de cada persona. Según la psicóloga Rebeca Pozuelo Fernández, especialista en terapias con niños y adolescentes. “Hay cambios en la vidas de estas personas que tienen para ellos un significado abrumador y piensan que las exigencias para superarlo les desbordan o lo perciben de forma muy amenazante, como por ejemplo, el divorcio de los padres, fallecimiento de un ser querido, presión social, acoso escolar, ruptura sentimental, entre otras cosas”. Por lo que debido a esto, y después de varios intentos de solucionarlo sin resultados esperados o sin haber realizado ningún intento por haberlo percibido como imposible, llegan a la conclusión de que el problema no tiene solución. Hay varios factores de riesgo que pueden desencadenar los suicidios, por ejemplo: Orientación y diversidad sexual; desestructuración familiar; Psicopatología en los padres; exposición a comportamientos suicidas; antecedentes familiares de suicidio; relaciones conflictivas; falta de apoyo social; abuso y negligencia; aspectos culturales y étnicos. Pero así como es importante conocer los factores de riesgo es fundamental que los jóvenes cultiven la resiliencia. Por ejemplo tener una imagen positiva de sí mismo; autorregulación y flexibilidad cognitiva; estilo atribucional positivo (atribuirse a sí mismos los éxitos); tener razones para vivir; autocontrol de las emociones; perseverancia para conseguir las metas; control de los impulsos; habilidades para pedir apoyo y ayuda inmediata; expresión de emociones; gestión de los conflictos; sentido del humor; empatía; búsqueda del sentido de la vida. Todos estos elementos enumerados que mitigan el riesgo de suicidio deben ser promovidos en el ámbito escolar, para que los niños y adolescentes sepan enfrentar las contrariedades propias de la vida, o que por lo menos sepan pedir ayuda cuando toda la realidad se levante en su contra y no encuentren la salida.

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