Una vez más el horror en el Cauca

Otra vez la violencia azota como un martillo brutal al departamento del Cauca y genera estupor, horror y otros tantos calificativos que ya parecen agotarse de tanto que los usamos. Y lo peor, otra vez la muerte toca a un joven, a un deportista, algo que rompe todos los límites que uno podría plantearse en un hipotético escenario del respeto al Derecho Internacional Humanitario, si es que ese concepto se puede aplicar al nivel de barbarie que tenemos en el departamento del Cauca.   
Esta vez se trata del homicidio de la joven promesa del fútbol caucano, Jeimar Rentería, quien fue sacado de su vivienda por hombres  armados que lo fusilaron en el parque principal de Argelia. Allí murieron sus ilusiones, su talento, y toda una vida de éxito deportivo que seguramente le estaba esperando. Empezó en el Club Deportivo Argelia, luego llegó a las divisiones inferiores del Deportes Quindío, después pasó al cuadro América de Cali, jugó en Orsomarso y Atlético Fútbol Club. Su talento le abrió paso  al fútbol internacional. Llegó a Nicaragua en el mes de enero para lucir la camisa del onceno Ocotal. Disputó 14 partidos donde logró anotar cuatro goles. En el mes de junio terminó su vinculación y regresó a su tierra natal. Y allí acabó todo. Dejó un bebé y una esposa. Recordemos que en julio el horror visitó el municipio de Balboa con un triple homicidio, donde dos de las víctimas eran jóvenes pilotos de motovelocidad que ya tenían logros en su palmarés. Ese día fatídico, murieron Rubiela Adrada y su sobrino Brandon Mesa Adrada a manos de sicarios. Y como si no fuera poca la tragedia, una bala perdida acabó con la vida de un Maicol Cabrera Gómez quien inocentemente se encontraba afuera de su casa.Terrible. Rubiela y Brandon eran amantes del deporte extremo, ya habían tenido destacadas actuaciones y eran figuras a nivel departamental en motovelocidad.  Contaban varias participaciones en competencias locales y nacionales. Hoy otra vez,  una familia y un municipio llora una pérdida irreparable, un niño se quedó sin padre. No hay ningún motivo que justifique tan vileza y cobardía. La gente necesita que la justicia y las autoridades lleguen hasta el fondo de este asunto, y no con las palabras de siempre, que se dicen por cumplir, por quedar bien. La impunidad de homicidios como los de Argelia y Balboa con víctimas que nada tienen que ver con la dinámica de la guerra genera un dolor añadido.  Ya no sabemos qué más puede pasar en este departamento que parece olvidado de la mano de Dios y del Estado, donde la muerte y la violencia se ensañan con los débiles, los inocentes, los deportistas y los niños, así es imposible pensar en un futuro con esperanza, o con algún resto de optimismo.  

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