Y ya han pasado 485 años

Hace unos largos 485 años, arribaron por estas tierras los nada corteses Juan de Ampudia y Pedro de Añazco, quienes llegaron a abrirle camino a punta de espada a su jefe Belalcázar, que era el autorizado para hacer los honores de la Fundación de Popayán. 
En  lugar de encontrar una gran oposición de los lugareños estos se asustaron al ver a los invasores y corrieron  a refugiarse en los alrededores. Según tratadistas: “eran seminómadas desnudos y cazadores en tránsito a la agricultura del maíz, refugiados en cuevas y bohíos o árboles coposos acondicionados, venidos de Tierradentro, pintarrajeados y con penachos de plumas en la frente amarrados con bejuco” . 
Sin embargo los intrusos sí hallaron una fiera resistencia en unos aguerridos,  pequeños y sanguinarios enemigos: las niguas y  las pulgas. 
Esta avanzada se llevaría a cabo (hay algunas discrepancias históricas con el tema de las fechas) por los días de Navidad de 1536. Ya entrado el nuevo año de 1537 vino el Jefe Belalcázar y finalmente fundó la villa de Popayán en el lugar que ocupaba el pueblo indígena del Cacique Payán. Muchas aguas han corrido debajo del puente desde aquellos lejanos años de conquistas y fundaciones, muchos eventos, desgracias y anécdotas han sucedido desde aquel primer choque de civilizaciones que más fue una invasión sangrienta y un sometimiento brutal de un imperio en decadencia a un pueblo primitivo. 
El resultado de este trasegar por los siglos, es la Popayán que hoy vemos ante nuestros ojos, y lastimosamente no es un panorama muy alentador. Una ciudad pequeña, empobrecida, aun con aires provincianos, sin desarrollo, sin oportunidades para sus gentes. De su larga historia solo nos ha quedado una ristra de anécdotas, unas nostalgias trasnochadas y poco más. Sin embargo también hay que decir que esta tierra ha dado ilustres personajes, presidentes, ministros, funcionarios, poetas, artistas, académicos. Calidad y talento humano no han escaseado en esta vieja y amada ciudad. Pero, políticos y dirigentes nunca pudieron potenciar todo el valor cultural, económico, y de recursos que atesora la capital del Cauca y ahora es una ciudad atrasada del concierto nacional, con graves problemas de toda índole, sin un norte, desordenada, caótica, con altos niveles de desempleo, deteriorada. Y no es la culpa de éste ni del anterior alcalde, es el resultado de años de negligencia, de falta de liderazgo, de desidia e incapacidad, de posturas egoístas. Es tiempo de cambiar el rumbo, de dejar de mirar el pasado para pensar en la Popayán que todos queremos para el futuro.  
 

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