El olvido del campo colombiano

Sin campesinos no hay nación

Colombia se ha construido desde el campo, pero paradójicamente lo ha olvidado. Mientras las ciudades crecen, las zonas rurales continúan enfrentando abandono, pobreza y falta de oportunidades. El país urbano consume, pero rara vez reconoce de dónde provienen sus alimentos.

El campesino no solo produce comida; sostiene la economía y preserva saberes ancestrales. Sin embargo, la falta de vías, acceso a salud, educación y seguridad ha convertido al campo en un territorio de resistencia más que de progreso.

La violencia histórica ha golpeado con especial dureza a las comunidades rurales. Desplazamientos, amenazas y abandono estatal han marcado generaciones enteras. Aun así, el campo sigue produciendo, incluso en condiciones adversas.

Pensar el desarrollo sin el campo es una visión incompleta del país. No puede haber soberanía alimentaria ni estabilidad social mientras el campesino siga siendo invisible.

Reconocer al campo es una deuda histórica que Colombia aún no salda.