El regreso del Centro Democrático a Nariño: una apuesta técnica y de alto riesgo electoral

Que el Centro Democrático presente lista cerrada a la Cámara por Nariño no es un dato menor: es una decisión política que llega después de varios ciclos electorales sin representación, en un departamento donde el uribismo nunca logró consolidar una maquinaria estable ni un voto de opinión sostenido.

Nariño es un territorio complejo: periferia, frontera, economías ilícitas, débil presencia estatal y una tradición electoral inclinada hacia opciones alternativas, regionales o de izquierda. En ese contexto, la apuesta del Centro Democrático no parece orientada a ganar por arrastre ideológico, sino a reconstruir legitimidad con una narrativa técnica y territorial.

La lista revela tres señales claras:

1. Abandono del caudillismo
No hay una figura nacional ni un nombre con alto reconocimiento mediático. El partido opta por perfiles profesionales, muchos con experiencia en salud, infraestructura y seguridad. Esto sugiere una estrategia de mediano plazo: sembrar cuadros, no necesariamente ganar el primer escaño.

2. Énfasis en gestión y control político
Los perfiles de Lucy Pérez y Juan Pablo Eraso apuntan a sectores sensibles en Nariño: salud pública, contratación, eficiencia administrativa. No es casual: la crisis hospitalaria y el desgaste de las EPS son temas movilizadores, incluso para electores no uribistas.

3. Seguridad como eje identitario
La inclusión de Melchor Milton Martínez reafirma el ADN del partido. En un departamento golpeado por disidencias, narcotráfico y asesinatos de líderes sociales, el discurso de seguridad sigue teniendo nichos electorales, aunque limitados.

El componente juvenil, representado por María Alejandra Patiño, intenta conectar con un electorado joven que no se identifica con partidos tradicionales, pero que sí demanda empleo y oportunidades. El riesgo aquí es alto: sin estructura ni narrativa diferenciada, el voto joven tiende a dispersarse.

El regreso del Centro Democrático a Nariño: una apuesta tardía, técnica y de alto riesgo electoral

Que el Centro Democrático presente lista cerrada a la Cámara por Nariño no es un dato menor: es una decisión política que llega después de varios ciclos electorales sin representación, en un departamento donde el uribismo nunca logró consolidar una maquinaria estable ni un voto de opinión sostenido.

Nariño es un territorio complejo: periferia, frontera, economías ilícitas, débil presencia estatal y una tradición electoral inclinada hacia opciones alternativas, regionales o de izquierda. En ese contexto, la apuesta del Centro Democrático no parece orientada a ganar por arrastre ideológico, sino a reconstruir legitimidad con una narrativa técnica y territorial.

La lista revela tres señales claras:

1. Abandono del caudillismo
No hay una figura nacional ni un nombre con alto reconocimiento mediático. El partido opta por perfiles profesionales, muchos con experiencia en salud, infraestructura y seguridad. Esto sugiere una estrategia de mediano plazo: sembrar cuadros, no necesariamente ganar el primer escaño.

2. Énfasis en gestión y control político
Los perfiles de Lucy Pérez y Juan Pablo Eraso apuntan a sectores sensibles en Nariño: salud pública, contratación, eficiencia administrativa. No es casual: la crisis hospitalaria y el desgaste de las EPS son temas movilizadores, incluso para electores no uribistas.

3. Seguridad como eje identitario
La inclusión de Melchor Milton Martínez reafirma el ADN del partido. En un departamento golpeado por disidencias, narcotráfico y asesinatos de líderes sociales, el discurso de seguridad sigue teniendo nichos electorales, aunque limitados.

El componente juvenil, representado por María Alejandra Patiño, intenta conectar con un electorado joven que no se identifica con partidos tradicionales, pero que sí demanda empleo y oportunidades. El riesgo aquí es alto: sin estructura ni narrativa diferenciada, el voto joven tiende a dispersarse.

Lucy Jakeline Pérez Erira, ingeniera industrial y líder social de Ipiales, con más de dos décadas en gestión administrativa y sector salud, emerge como la cabeza de lista; plantea una política “con mano firme y corazón grande”.

María Alejandra Patiño
Astrid Catherine Figueroa

Juan Pablo Eraso Eraso, ingeniero mecatrónico y empresario de Pasto, con trayectoria en gestión pública hospitalaria, se posiciona como voz técnica y defensor de la transparencia en el gasto público.

Desde el punto de vista electoral, el mayor desafío no es la competencia externa, sino la barrera mínima de votos para que una lista cerrada sea competitiva en un departamento con alta fragmentación. Sin alianzas territoriales sólidas, el riesgo es quedar nuevamente por fuera.

Melchor Milton Martínez, administrador público y veterano de la fuerza pública, se perfila como especialista en seguridad.

Astrid Catherine Figueroa, ingeniera civil y ex candidata al Concejo de Pasto, completa una lista que combina experiencia y proximidad comunitaria.

En síntesis, el Centro Democrático no está regresando a Nariño para dominar el escenario, sino para volver a existir políticamente. La pregunta no es si ganan una curul, sino si logran reconstruir una base electoral sostenible. Y eso, en Nariño, es una carrera de fondo, no de velocidad.