
Imágenes brutales
Hay imágenes muy brutales de cuerpos humanos después de haber sufrido violentos accidente de tránsito. De esas de las que se dice que hieren sensibilidades, esas escenas que luego cuesta mucho quitarse de la cabeza y que pueden incluso causar pesadillas.
Una de estas imágenes circularon hace unos días, producto de un accidente en el norte de Popayán, en donde el conductor de una moto fue arrollado por un vehículo de carga pesada.
La muerte
Ciertamente era espantoso el estado en el que quedó la humanidad de ese pobre hombre. No hay manera de describir el destrozo ocasionado. Pero aparte de horrorizarnos también el caso nos lleva a reflexionar sobre la fragilidad del cuerpo humano, y de la vida misma de las personas, pues al fin y al cabo es el cuerpo el que alberga la vida, es el hogar material de lo inmaterial.
Por supuesto que nadie desearía una muerte tan terrible, aunque habrá a quien le dé igual morir aplastado por un tracto camión que en cama de un infarto, o a causa de un tiro en la frente, pues al final el resultado es el mismo; uno u otro muerto, no deja de ser un muerto, que ya no siente ni opina y al que por lo tanto le deberían traer sin cuidado estas consideraciones que más afectan a los testigos, a los curiosos, a la familia, es decir a los vivos.
Una bendición
Estar vivo en estos tiempos que corren ya es un privilegio, regresar a casa después de una jornada laboral, una especie de bendición.
Así que hay que celebrar la vida, agradecer por cada día que tenemos para vivir. En la medida de que seamos más conscientes de que la vida es frágil y pasajera, pero sobre todo que la inmortalidad del alma no es un asunto comprobado, podríamos asumir otra actitud frente a nuestros problemas y vicisitudes cotidianas: también de alguna manera son pasajeras, como lo es una enfermedad que aunque parezca crudo decirlo siempre será pasajera o porque remite o porque acaba con la vida del paciente.
Pues como dijo el poeta: “Mas hay también ¡Oh Tierra! un día… un día… un día… en que levamos anclas para jamás volver… Un día en que discurren vientos ineluctables ¡un día en que ya nadie nos puede retener!


