“Escándalo EMBF–Calarcá Córdoba: presuntos nexos entre disidencia, Ejército y inteligencia reavivan dudas sobre la paz”

El 30 de noviembre de 2025, el medio El Espectador reveló que archivos incautados en un operativo del 23 de julio de 2024 —cuando fue detenido, luego liberado, alias “Calarcá Córdoba” junto a su grupo armado del EMBF— contenían comunicaciones internas (correos, chats, documentos operativos) que apuntan a presuntos vínculos entre la disidencia y altos funcionarios del Estado: un general del Ejército y un agente de inteligencia.

Según esos documentos, los posibles contactos entre la disidencia y los funcionarios incluían planes para crear una empresa fachada de seguridad privada, mediante la cual los disidentes podrían movilizarse con vehículos blindados, portar armas legalmente y evadir controles militares con permisos oficiales.

Entre los señalados figuran Juan Miguel Huertas —actual jefe del Comando de Personal del Ejército— y Wilmar Mejía, funcionario alto de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI). Ambos han negado los señalamientos y denunciado un posible montaje, afirmando que nunca han sostenido reuniones ni contactos con la disidencia.

El escándalo ha sacudido la institucionalidad: la Fiscalía General de la Nación abrió líneas de investigación formales, mientras la Procuraduría General de la Nación suspendió provisionalmente a los funcionarios implicados.

Las consecuencias se sienten también en el terreno político y del diálogo: la revelación pone en jaque la credibilidad del proceso de paz entre el Gobierno y el EMBF, cuestiona la supervisión institucional del aparato de seguridad e incrementa la desconfianza pública frente a la negociación con grupos armados.