Esta es la isla donde los carros están prohibidos y la gente se transporta en burro

‘Aquí, todos vivimos gracias a sus lomos’, fueron las palabras de la residente Harriet Jarman.

En la isla de Hidra, los lugareños han optado por un estilo de vida que se diferencia al de las demás urbes: aquí, los automóviles están prohibidos, y la movilidad se realiza a pie, en burros, mulas o carruajes tirados por caballos.

Esta particular restricción no es reciente ni casual, sino que se remonta a la década de 1960. Fue entonces cuando las autoridades locales y la comunidad de la isla decidieron implementar una política para preservar el encanto tradicional de Hidra, sus paisajes naturales y su aire puro.

Con la excepción de los camiones de basura, los vehículos de bomberos y las ambulancias, ningún otro tipo de vehículo motorizado está permitido en la isla. No obstante, en el agua, el servicio de ferry sigue funcionando, y también se pueden encontrar taxis acuáticos.

Dado que la ciudad está construida sobre colinas empinadas, los burros y las mulas se han convertido en los medios de transporte preferidos para transitar por las escalinatas y los estrechos callejones.

Un estilo de vida diferente

Aquí predominan los edificios bajos, techos de arcilla bermellón y un aroma a jazmines que impregna las calles, lo que lo convierte en una experiencia visual y única. La naturaleza, generosa en su contribución, brinda una abundancia de playas y acantilados que atraen a visitantes de todo el mundo.

El turismo, de manera natural, constituye el motor económico de esta isla, y no es raro encontrarse con aquellos que no nacieron en estas tierras, pero que decidieron construir un hogar en sus orillas. Harriet Jarman, propietaria de Harriet’s Hydra Horses, es un ejemplo inspirador de esta tendencia.

«Es una isla que te transporta al pasado», compartió Jarman durante una conversación con ‘CNN’. «Aquí, todo el transporte se realiza a lomo de caballos o mulas, ya que no hay automóviles. Esto ha resultado en una vida notablemente más tranquila para todos».

La ausencia de tráfico vehicular no solo conlleva tranquilidad, sino también una vida más saludable y segura. La eliminación de vehículos a motor ha llevado a una notable reducción de las emisiones de gases contaminantes y partículas finas en el aire, lo que ha mejorado la calidad del mismo y disminuido el riesgo de problemas respiratorios, alergias y otras afecciones relacionadas.

En línea con esta última observación está la promoción de la actividad física: con menos vehículos para el transporte, las personas se ven naturalmente inclinadas a caminar o andar en bicicleta, lo que fomenta un estilo de vida físicamente activo y saludable.

Los burros como medio de transporte

Los burros, caballos y mulas se han convertido en elementos esenciales que contribuyen a la construcción de esta identidad singular. «Aquí, todos vivimos gracias a sus lomos», explicó Harriet Jarman. «Son nuestros vehículos y nuestras manos, transportan todo, desde materiales de construcción y muebles hasta equipaje, compras y a nosotros mismos».

La originalidad de esta isla ha atraído a artistas y figuras influyentes de la política a lo largo de los años. Desde Henry Miller, el escritor y poeta estadounidense que pasó tiempo en Hidra en la década de 1930 y plasmó sus experiencias en sus escritos, hasta Sofia Loren, la actriz italiana que la visitó por primera vez en 1957 durante el rodaje de la película ‘Boy on a Dolphin’.

«Hidra es una isla rocosa, y su población, compuesta casi en su totalidad por marineros, está disminuyendo rápidamente», escribió Henry Miller en su libro de viajes ‘El Coloso de Maroussi’, allí describió a la isla como «estéticamente perfecta» en su tranquila belleza blanca y azul.

Desde una perspectiva contemporánea, Michael Lawrence, pintor estadounidense que se estableció en la isla en la década de 1960, está de acuerdo en que vivir en Hidra estimula el proceso creativo de los artistas. «Estar en Hidra contribuye de manera significativa al proceso creativo del artista, ya que ralentiza el ritmo de vida», concluye.