Familia clama justicia

Resulta conmovedor ver a la familia y allegados del joven asesinado el mes pasado en un caso de intolerancia callejera que causó gran indignación entre la ciudadanía. Una discusión por un choque menor, unas palabra que pasaron a los insultos, un arma blanca salió a relucir, un lance, una herida mortal. Ahora una familia llora desconsoladamente por la pérdida de su ser querido y clama justicia, pues el asesino ya está plenamente identificado pero no hay ninguna acción en su contra.

Dos tragedias

Seguramente este asesino acabe en la cárcel y cuando eso ocurra, en el fondo nada va a cambiar la situación: dos familias quedarán sumidas en una tragedia. Y todo por nada, por una reacción que no se contuvo a tiempo, por una ira que no se domina en un momento de tensión. Cuantas muertes no ocurren en estas circunstancias cada día alrededor del mundo. En términos generales, resolver diferencias a través del diálogo y el acuerdo no es una de las cualidades de los colombianos.
No obstante también la impunidad contra la que lucha la familia de Ernesto Piedrahita, como se llamaba la víctima, también es un gran flagelo en Colombia. “La tasa de impunidad en Colombia en materia de esclarecimiento de homicidios sigue siendo igual en los últimos 20 años. Ahí tenemos un desafío demasiado grande”, expresó el año pasado la directora de Fundación Ideas para la Paz.

Impunidad

La impunidad o su percepción constituye una variable compleja que puede estar asociada a la generación directa o indirecta de criminalidad, convirtiéndose en uno de los aspectos más críticos para cualquier gobierno y su administración de justicia.

Consecuencias

Es decir la impunidad tiene consecuencias negativas: se transgreden los derechos de la víctima, desacredita el sistema judicial, aumenta la percepción de inseguridad, y motiva a los delincuentes que confían en que no ‘pasará nada’, y por lo tanto hace atractiva la carrera criminal.
Otro fenómeno relacionado con la impunidad es que la gente decide que es bueno hacer justicia por mano propia pues ni el aparato judicial ni las autoridades están en capacidad de defender a la ciudadanía. Y luego pasa lo que pasa.