Se masca la tragedia

Un padre viaja en su moto y lleva como parrillera a su hija de solo 4 años. Transitan por la variante norte de la ciudad de Popayán. Según testigos, la moto va a gran velocidad, ninguno de los dos lleva casco. Se mascaba la tragedia en la noche del miércoles en la Ciudad Blanca. Y desafortunadamente así ocurrió. La pequeña inocente dejó su vida en el asfalto crudo de manera inmediata; su irresponsable padre, en muy malas condiciones murió horas después en un hospital.

La culpa de quién

Después le echamos la culpa a las autoridades, a la Policía a los funcionarios de Tránsito, pero allí solo cabe la falta de sentido común y la absoluta falta de responsabilidad de este sujeto al que le pareció una buena idea llevar a su hija en moto, sin casco, y acelerando a fondo por una vía muy transitada. Qué tragedia tan grande por la imprudencia que nos mata. Un más de las miles que se podrían evitar a diario en este país si tuviéramos una mínima dosis de sentido común. Llevar menores de edad en moto debería prohibirse, por lo menos hasta cierta edad, pues ni siquiera los mismos padres son responsables ni conscientes de los riesgos tan tremendos que se están corriendo desde el momento en que se sube a un niño a una motocicleta: en temporadas escolares es fácil ver a padres viajando no con uno si no con dos de sus hijos en estos vehículos, a veces cogidos por el tiempo, con prisas, sin cascos. 

La necesidad

He podido ver también la estremecedora escena de una madre con su niño de brazos haciéndole el alto a un mototaxista, trabajosamente subiendo como parrillera, con su preciosa carga, tambaleando, inestable en toda su extensión, sin poder sujetarse al vehículo y luego perderse en medio del tráfico de cualquier calle de la ciudad. 
Entendemos que es la necesidad la que obliga a la madre a viajar con su pequeño en esas condiciones tan riesgosas, lo mismo que al padre de familia que no tiene otra opción para llevar a sus pequeños al colegio en la mañana. La mayoría no posee un vehículo particular, ni puede pagar un transporte escolar. 
A duras penas los pequeños tienen para los útiles y algo de comer, por lo tanto esa precariedad en el transporte de los menores es consecuencia de la situación socioeconómica. Pero, debería ser considerada la última opción someter  a los niños a tal nivel de riesgo, la vida es irrecuperable y una lesión de gravedad marcará por siempre la vida de un niño. 

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