Entre el Pacto Social y el acuerdo nacional

Diego Jaramillo SalgadoDiego Jaramillo Salgado

Durante el desarrollo de las campañas electorales de este año, el hoy presidente electo puso en discusión el significado de Pacto. Definido como histórico, lo presentó como aquél diseñado por los filósofos liberales para dar sentido al origen del Estado en las sociedades capitalistas que emergían en ese momento. Ellos lo conceptuaron como social. Lo cual podría explicar que el asumido por Petro se asemejaba más a un fin electoral que a lo establecido por el liberalismo clásico. En tanto que en este se trata de los principios básicos, comunes, colectivos, a los que llegan los miembros de una sociedad para no vivir la ley de la selva en el enfrentamiento de los unos contra los otros. No, entonces, los de un grupo político o un candidato asumiendo que su proyecto es el de toda la sociedad. Quizá, lo que más se asemeja en el país a ello es la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Fuerzas políticas y sociales de todo tipo convergieron en ella y lograron como resultado los mandatos constitucionales que expresaron lo que identificaron como necesario para la convivencia en ese momento histórico. Es también llamado contrato en cuanto los principios colectivos deben ser aceptados por los individuos que deberán cumplirlos. Tanto es así que si no se cumplen se aplica la ley con todas sus consecuencias.  El acuerdo nacional, también propuesto por Petro, busca crear las bases para hacer posible la gobernanza dentro del período presidencial para el cual fue elegido. Es la expresión de la convicción de que la polarización conduce al país a la acentuación de los conflictos y a una imposibilidad de llevar a cabo las reformas que propone. No es por tanto un pacto o contrato social que transforme estructuralmente la sociedad. Es el establecimiento de puntos de encuentro entre fuerzas políticas y sociales facilitadores de llevar a cabo políticas contra el hambre, la pobreza, el desempleo, la desigualdad social, la corrupción y el narcotráfico. Difícil por los actores y actoras en juego, el largo período de su confrontación, y la envergadura de los problemas a resolver, pero posible en cuanto las votaciones mostraron la caducidad de cuantas soluciones se intentaron. Valga decir, los proyectos revolucionarios guerrilleros, el paramilitarismo, los acuerdos de paz, y el autoritarismo. Sorprende ver en la mesa, frente a frente, a los más grandes opositores de las últimas tres décadas. Sin embargo, incentiva la esperanza de que otro mundo es posible. Llama a la responsabilidad y compromiso de quienes pueden hacer algo para lograrlo. 
 

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