Inolvidable Velada Familiar. 2ª Parte

Jesús Arcos Solano

Jesús Arcos SolanoJesús Arcos Solano

Como el espacio de una columna periodística es reducido, y se quedan muchas cosas en el tintero, recurrimos a una 2ª parte. Con la muerte de Hernán (esposo de Anita) en un accidente por las carreteras caucanas, en misión oficial, perdió el Departamento del Cauca a un hombre íntegro, probo funcionario, preclara inteligencia y de gran responsabilidad. Son los designios divinos y hay que acatarlos con resignación. Eso hizo Anita, mujer de una excepcional calidad humana y nobles principios; ante la tragedia presentada, compungida por el dolor, regresó a su país con su pequeño hijo(Felipe). Tenía que rehacer su vida y otear nuevos horizontes. Se casa con el Señor Felipe (en español) comprensiva persona, con quien estuvo en la reunión. Hernán, cuando estudió en el Liceo de la U. Del Cauca fue un sobresaliente alumno, como bien lo atestiguan sus compañeros. Fue estudiante de la mejor Universidad del mundo, la Sorbona de París; aquí conoció a Anita, la mejor conquista de su vida. En su visita y en la finca de la fiesta, se nota en el video la alegría familiar; Anita conserva su vigor, su ánimo, su entusiasmo y mucha vitalidad. Se le reconoce su ostensible gratitud al pueblo de Rosas, particularmente a la familia de Hernán. Dijimos en la 1ª parte, que su memoria era sorprendente, como cuando habla de la muestra de los productos en el mercado de los sábados. Ella es amante de las costumbres campesinas, se deleita con las faenas rurales. Anita no miró obstáculos para venir a Colombia y estar en Rosas, tierra de sus ancestros. Quiso estar feliz y traer felicidad. Su coterráneo Jean Paúl Sartre, dijo: “Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace”. La demostración de gratitud que expone en sus manifestaciones, es evidente. Ella mantiene vivo el recuerdo de un pueblo, que le brindó aprecio, y las personas que descansan en la paz del Señor, siempre le tuvieron cariño y deferencia. La presencia de Anita en Rosas revivió la confianza de la familia y la solidaridad. Ojalá, que su recuerdo no se olvide nunca, y que la semilla que sembró prevalezca por siempre.! Buen viento y buena mar, Anita! Vuelva pronto. 
Nota. Agradezco a quienes me colaboraron con sus informes y videos para hacer posible este modesto escrito; tales como Diego Muñoz Solano, su hermana Gloria Amparo y el Señor Edwin, esposo de Doña Diana, prima de los anteriores.