Intolerancia y crimen en Popayán

Una discusión, por un accidente de tránsito de poca importancia, con daños menores, acabó en homicidio en el sector de La Esmeralda, en Popayán. Parece mentira, el nivel de salvajismo e intolerancia en el que vivimos en esta sociedad y parece que no somos realmente conscientes de tal flagelo. Un  trabajador de una empresa de pollos fue apuñalado por la espalda. La víctima era padre de familia y se ganaba la vida honradamente. Hubo palabras que fueron subiendo de tono, y en un momento dado, el conductor del automóvil le asestó una puñalada por la espalda al conductor de la moto, lo cual a la postre le causó la muerte. El victimario huyó, pero está plenamente identificado; hay fotos y videos que lo delatan perfectamente y es cuestión de tiempo que sea capturado por las autoridades. Y cuando eso ocurra, en el fondo nada va a cambiar la situación: dos familias quedarán sumidas en una tragedia. Y todo por nada, por una reacción que no se contuvo a tiempo, por una ira que no se domina en un momento de tensión. Cuantas muertes no ocurren en estas circunstancias cada día. En términos generales, resolver diferencias a través del diálogo y el acuerdo no es una de las cualidades de los colombianos.  Los casos de intolerancia son un lugar común en Colombia; en el hogar, la vía pública, el servicio de transporte, en el barrio, e incluso el ámbito laboral. Los fines de semana, es cuando más se presentan episodios de agresión. Según expertos, en la violencia intrafamiliar, el arma contundente es la más usada en el 36% de los casos, es decir, cualquier objeto que sirva para pegarle al otro. Lo más alarmante es que es el hogar el escenario donde más casos de intolerancia se presentan. Estudios han ubicado un pico más alto de agresiones en los hogares a las 7:00 p.m. Se supone que es el espacio donde las personas llegan a su sitio de confort y deberían estar más tranquilas, resulta siendo el espacio más peligroso y de mayor confrontación.
Hay que empezar a educar en tolerancia desde las edades más tempranas. Los niños están aprendiendo en el hogar modos de sentir, pensar y actuar que luego se reafirman en la escuela, en el colegio y en la universidad o en la vida profesional para aceptar, reconocer y valorar al otro o para despreciarlo, rechazarlo. Si no apostamos decididamente por la cultura y por la educación en Colombia, vamos a seguir siendo uno de los países más intolerantes del mundo.