Diego Jaramillo Salgado
En la historia política del Cauca, estamos acostumbrados a escuchar acciones de personajes como Obando y Mosquera. Explicables por la tendencia general de que la historia la escriben los triunfadores. Poco se resalta el papel de quienes cubrieron sus espaldas o, gracias a su participación, posibilitaron la gloria de quienes se la acreditaron o a quienes se la reconocieron. Lo mismo pudiera decirse de las locaciones de su origen. Mucho más si el parámetro es una ciudad como Popayán, centro de la vida republicana en la segunda mitad del siglo XIX. Estas dos tendencias fueron las que motivaron a Iván Ulchur a escribir, a finales del año pasado, la novela Sarria: punta de lanza. La historia de Juan José Sarria.
Juan José Sarria
Buscaba dar a conocer a Juan José Sarria en un intento por escudriñar aspectos de identidad de Timbío, en su vertiente mítica, y de este pueblo condenado a vivir bajo la sombra de la capital caucana. Ya en su obra literaria Las Noveladas vidas de Magnus Shorter, publicada por la editorial Norma, estaba presente el retorno al pueblo que lo vio nacer, bajo la denominación Timbú. Así lo hizo en libros de ensayos como Quiero creer: celebración de la duda, o en su novela Asesino a mano desarmada por mi culpa, y en cuentos y poemas de su prolífica producción literaria. La novela tiene un eje narrativo trabajado a través de cartas que le envía Jessica al narrador, madre de sus cuatro hijos. Es una especie de otro relato a través del cual se identifican las andanzas de Sarria y de su significado en la lucha política que lo hicieron notable. A su vez, es como una conciencia crítica reguladora del desarrollo de la admisión del personaje como alguien digno de representar un símbolo representativo de su pueblo.
La naturaleza
El otro eje es el histórico y biográfico sobre la vida del personaje en cuestión. Lo identifica como hijo de esclavos, negro; por tanto, excluido y sujeto de tratamiento racista. Nacido en Timbio en 1793, su reconocimiento se dio a punta de la fuerza física que poseía y la destreza con la lanza. Cualidades que le permitieron ser enrolado en las huestes del General Obando como comandante de su compañía y, posteriormente, de coronel, consagrándose como su amigo y, como compañero ineludible de sus andanzas. Sin embargo, el seguimiento a lo que le permitió llegar hasta allí da cuenta de características poco virtuosas para consagrarlo como héroe. Calificaciones como “malvado, “criminal”, “depredador despiadado”, entre otras, llevan al autor a concluir que se equivocó al creer encontrar en él la “leyenda verdadera”, el “mito fundacional” de Timbío.



