Juventud en pausa

Por: Laura Cabanzo

Ser joven en el Cauca no es solo una etapa de la vida; es una prueba constante de resistencia. Mientras en otros territorios la juventud se asocia con oportunidades, exploración y futuro, en amplias zonas del Cauca se vive como una espera incierta. Esperar a que algo cambie, a que llegue una oportunidad real o, simplemente, a que el entorno no empeore.

La narrativa dominante suele responsabilizar a los jóvenes por irse del territorio, como si migrar fuera una decisión ligera o caprichosa. Pero pocas veces se analizan las condiciones que empujan esa decisión. Cuando el acceso a educación de calidad es limitado, el empleo escaso y la participación social riesgosa, quedarse deja de ser una opción atractiva y se convierte en un acto de resistencia silenciosa.

Muchos jóvenes crecen viendo cómo el esfuerzo no siempre se traduce en progreso. Estudian sin garantías de inserción laboral, emprenden sin respaldo institucional y participan sin protección suficiente. Esa acumulación de frustraciones va moldeando una generación que aprende a moderar sus expectativas.

El conflicto, aunque cambie de forma, sigue siendo un factor determinante. No siempre se manifiesta en hechos visibles, sino en restricciones invisibles: horarios que no se pueden extender, caminos que no se deben transitar, opiniones que no conviene expresar. Todo eso condiciona la forma en que los jóvenes se proyectan.

Ante este panorama, las opciones parecen reducirse a tres: irse, resistir o callar. Migrar aparece como escape, aunque implique rupturas familiares y afectivas. Resistir significa quedarse y construir desde lo local, a pesar del desgaste. Callar, en muchos casos, es una estrategia de autoprotección frente a un entorno que no garantiza seguridad para la participación activa.

Sin embargo, esta juventud no es pasiva. A pesar de las limitaciones, crea, gestiona procesos culturales, lidera iniciativas comunitarias y mantiene viva la identidad del territorio. Lo hace con recursos mínimos y reconocimiento escaso. Esa energía juvenil sostiene comunidades enteras, aunque rara vez sea valorada.

El mayor riesgo es la normalización de esta pausa generacional. Cuando una sociedad acepta que sus jóvenes vivan sin horizonte claro, está renunciando a su propio futuro. El Cauca no carece de juventud capaz; carece de condiciones para que esa juventud pueda desarrollarse sin miedo ni resignación.